martes, 1 de diciembre de 2015

Permiso para tener dos hijos

El Partido Comunista de China acaba de derogar la política del hijo único que estuvo vigente por 35 años, pero no espera un boom demográfico. La medida se viene analizando desde hace años  debido al rápido envejecimiento de la población que amenaza el desarrollo económico del país.

Por Rafael Valdez, desde Beijing



Los chinos viven más tiempo y la tasa de natalidad no varía. El resultado de esa ecuación es una sociedad que envejece rápidamente y eso amenaza las expectativas de crecimiento económico del gigante asiático. Justamente por eso, el Gobierno Chino acaba de derogar la política del hijo único que estuvo vigente durante 35 años e impidió el nacimiento de 400 millones de chinos.
Si bien,  esta decisión ha sido entendida por algunos analistas occidentales como una medida para paliar la desaceleración de la economía china que ya no crece a dos dígitos, sino al 7%, la reciente derogación de la política del hijo único no se decidió de la noche a la mañana. Como todo en el país de Confucio, se dio de forma gradual.
En 2013, el Partido Comunista ya flexibilizó un poco dicha política. Ese año decidió que las parejas podían tener dos hijos, siempre y cuando uno de los cónyuges fuera hijo único. “Se estimaba que con dicha flexibilización se incrementaría en uno o dos millones el número de nacimientos anuales, pero hasta ahora solo el 6% de las parejas elegibles aplicaron para un segundo hijo”, dijo en noviembre de 2014, Zhao Yanpei, funcionario de la Comisión Nacional de Salud y Planeación Familiar, a un medio oficial chino.
A esto debe sumarse que en ese país, la expectativa de vida al nacer se ha extendido. En el año 2000, la expectativa era de 71 años, mientras que en 2014 fue de 75 años. Hoy, una décima parte de la población es mayor de 65 años y, según estimaciones oficiales, el porcentaje de adultos mayores chinos alcanzará el 15% en 2027 y el 20% en 2035. ¿Qué implica esto para el Estado? Menos gente en edad de trabajar que aporte a las arcas fiscales y, al mismo tiempo, mayor número de personas a quienes brindar seguridad social, pensión jubilar, atención médica, etc. Y, además, menos mano de obra joven que sirva de engranaje en la “world factory”.



No, gracias
A pesar de la derogación de la política del hijo único por la que, según cifras extraoficiales, se efectuaron 336 millones de abortos, 196 millones de esterilizaciones y se insertaron 403 millones de aparatos intrauterinos, no siempre con consentimiento, hoy los chinos no saltan de alegría. Tener un hijo en la China de hoy es sumamente caro; dos sería un lujo y tres, una locura. Al menos eso dicen los chinos en weibo, el twitter chino, una de las fuentes de información más fidedigna debido a la censura del Gobierno.
La razón: los hijos únicos nacidos en las décadas del 80 y el 90 tienen que hoy mantener familias de seis personas si se suman los padres de ambos. Agregar a esto dos hijos sería una locura en un país donde el salario promedio nacional en 2014 fue de 49.969 yuanes, es decir 4164 yuanes mensuales (unos 694 dólares), según un informe publicado por la Oficina Nacional de Estadísticas de China.
“El hecho de que el Gobierno presente la política de dos hijos no tendrá ningún impacto significativo en la sociedad porque hay una creciente nueva generación de familias que no quieren tener un segundo hijo”, dice Liang Zhongtang, experto demográfico de la Academia de Ciencias Sociales de Shanghai.
Pero eso ocurre en las ciudades. El experto Xu Shicheng, de la Academia China de Ciencias Sociales, afirma que en las familias del campo, la medida sí podría tener un gran impacto. “Esa mano de obra joven no solo ayudará a mantener el ritmo de crecimiento del aparato productivo del país, sino que además dinamizará el consumo interno que es la clave del nuevo modelo económico que el Gobierno está impulsando”.


El origen de todo
Durante los últimos 30 años, el motor de la economía china fue la inversión y las exportaciones. A finales de 1970, China abrió sus puertas tras la instauración de la política de reforma y apertura, impulsada por el pragmático Deng Xiaoping. En esos años también se instauró la política del hijo único. Para entonces, China era muy pobre. La noche del Nuevo Año Chino, o Festival de la Primavera, era la única vez del año en que –los más afortunados- podían comer carne de res, pollo, pescado y cerdo al mismo tiempo. El resto, no. Y, sin ir muy lejos, entre 1958 y 1961 (“los tres años amargos”), unos treinta millones de chinos, según cifras extraoficiales, murieron de hambre. Ese trauma no se olvida.

Tales niveles de pobreza -que en Ecuador no se han vivido- sirvieron como justificativo para la implementación de la política del hijo único. La lógica era que frenar el crecimiento poblacional ayudaría a aliviar los problemas sociales, económicos y ambientales, y permitiría que el país creciera rápidamente. Este último punto se logró. China creció a dos dígitos porcentuales durante tres décadas y se convirtió en la segunda economía del mundo, pero también hubo otras consecuencias. La política del hijo único, sumada a la preferencia cultural china por los hijos varones, hizo que muchas niñas fueran abandonadas en orfanatos y que se realizaran abortos selectivos e incluso se dieron casos de infanticidio femenino. Hoy, en China hay 114 hombres por cada 100 mujeres y, según un estudio de la Academia China de Ciencias Sociales, 24 millones de chinos se quedarán solteros porque no tendrán con quien casarse en 2020. Este es otro objetivo detrás de la nueva política de dos hijos: lograr el reequilibrio de género en China. 

* Artículo publicado en la segunda edición de octubre 2015 de revista Vistazo, Ecuador. 

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