El Partido Comunista de China acaba de
derogar la política del hijo único que estuvo vigente por 35 años, pero no
espera un boom demográfico. La medida
se viene analizando desde hace años
debido al rápido envejecimiento de la población que amenaza el
desarrollo económico del país.
Por Rafael Valdez, desde Beijing
Los
chinos viven más tiempo y la tasa de natalidad no varía. El resultado de esa
ecuación es una sociedad que envejece rápidamente y eso amenaza las
expectativas de crecimiento económico del gigante asiático. Justamente por eso,
el Gobierno Chino acaba de derogar la política del hijo único que estuvo
vigente durante 35 años e impidió el nacimiento de 400 millones de chinos.
Si
bien, esta decisión ha sido entendida por
algunos analistas occidentales como una medida para paliar la desaceleración de
la economía china que ya no crece a dos dígitos, sino al 7%, la reciente
derogación de la política del hijo único no se decidió de la noche a la mañana.
Como todo en el país de Confucio, se dio de forma gradual.
En
2013, el Partido Comunista ya flexibilizó un poco dicha política. Ese año
decidió que las parejas podían tener dos hijos, siempre y cuando uno de los
cónyuges fuera hijo único. “Se estimaba que con dicha flexibilización se
incrementaría en uno o dos millones el número de nacimientos anuales, pero
hasta ahora solo el 6% de las parejas elegibles aplicaron para un segundo
hijo”, dijo en noviembre de 2014, Zhao Yanpei, funcionario de la Comisión
Nacional de Salud y Planeación Familiar, a un medio oficial chino.
A
esto debe sumarse que en ese país, la expectativa de vida al nacer se ha
extendido. En el año 2000, la expectativa era de 71 años, mientras que en 2014
fue de 75 años. Hoy, una décima parte de la población es mayor de 65 años y,
según estimaciones oficiales, el porcentaje de adultos mayores chinos alcanzará
el 15% en 2027 y el 20% en 2035. ¿Qué implica esto para el Estado? Menos gente
en edad de trabajar que aporte a las arcas fiscales y, al mismo tiempo, mayor
número de personas a quienes brindar seguridad social, pensión jubilar,
atención médica, etc. Y, además, menos mano de obra joven que sirva de
engranaje en la “world factory”.
No, gracias
A
pesar de la derogación de la política del hijo único por la que, según cifras extraoficiales,
se efectuaron 336 millones de abortos, 196 millones de esterilizaciones y se
insertaron 403 millones de aparatos intrauterinos, no siempre con
consentimiento, hoy los chinos no saltan de alegría. Tener un hijo en la China
de hoy es sumamente caro; dos sería un lujo y tres, una locura. Al menos eso
dicen los chinos en weibo, el twitter chino, una de las fuentes de
información más fidedigna debido a la censura del Gobierno.
La
razón: los hijos únicos nacidos en las décadas del 80 y el 90 tienen que hoy
mantener familias de seis personas si se suman los padres de ambos. Agregar a
esto dos hijos sería una locura en un país donde el salario promedio nacional en
2014 fue de 49.969 yuanes, es decir 4164 yuanes mensuales (unos 694 dólares),
según un informe publicado por la Oficina Nacional de Estadísticas de China.
“El
hecho de que el Gobierno presente la política de dos hijos no tendrá ningún
impacto significativo en la sociedad porque hay una creciente nueva generación
de familias que no quieren tener un segundo hijo”, dice Liang Zhongtang,
experto demográfico de la Academia de Ciencias Sociales de Shanghai.
Pero
eso ocurre en las ciudades. El experto Xu Shicheng, de la Academia China de
Ciencias Sociales, afirma que en las familias del campo, la medida sí podría
tener un gran impacto. “Esa mano de obra joven no solo ayudará a mantener el
ritmo de crecimiento del aparato productivo del país, sino que además dinamizará
el consumo interno que es la clave del nuevo modelo económico que el Gobierno
está impulsando”.
El origen de todo
Durante
los últimos 30 años, el motor de la economía china fue la inversión y las
exportaciones. A finales de 1970, China abrió sus puertas tras la instauración
de la política de reforma y apertura, impulsada por el pragmático Deng
Xiaoping. En esos años también se instauró la política del hijo único. Para
entonces, China era muy pobre. La noche del Nuevo Año Chino, o Festival de la
Primavera, era la única vez del año en que –los más afortunados- podían comer
carne de res, pollo, pescado y cerdo al mismo tiempo. El resto, no. Y, sin ir
muy lejos, entre 1958 y 1961 (“los tres años amargos”), unos treinta millones
de chinos, según cifras extraoficiales, murieron de hambre. Ese trauma no se
olvida.
Tales
niveles de pobreza -que en Ecuador no se han vivido- sirvieron como
justificativo para la implementación de la política del hijo único. La lógica
era que frenar el crecimiento poblacional ayudaría a aliviar los problemas
sociales, económicos y ambientales, y permitiría que el país creciera
rápidamente. Este último punto se logró. China creció a dos dígitos
porcentuales durante tres décadas y se convirtió en la segunda economía del
mundo, pero también hubo otras consecuencias. La política del hijo único,
sumada a la preferencia cultural china por los hijos varones, hizo que muchas
niñas fueran abandonadas en orfanatos y que se realizaran abortos selectivos e
incluso se dieron casos de infanticidio femenino. Hoy, en China hay 114 hombres
por cada 100 mujeres y, según un estudio de la Academia China de Ciencias
Sociales, 24 millones de chinos se quedarán solteros porque no tendrán con
quien casarse en 2020. Este es otro objetivo detrás de la nueva política de dos
hijos: lograr el reequilibrio de género en China.
* Artículo publicado en la segunda edición de octubre 2015 de revista Vistazo, Ecuador.



No hay comentarios:
Publicar un comentario