miércoles, 30 de diciembre de 2015

“Estados Unidos tiene horror al ascenso chino”

Mucho es lo que se ha dicho en occidente sobre las “intenciones neocolonizadoras” de China y su “afán de hegemonía”. Se dice que los chinos quieren arrasar con los recursos naturales de África y América Latina para sostener su crecimiento económico, y que imponen a sus empresas en los contratos de las grandes obras de infraestructura que financian. La académica costarricense, Patricia Rodríguez, discrepa con esas opiniones. Ella lleva años dedicada al estudio del sistema político chino y ha publicado varios libros al respecto. Recientemente estuvo en Beijing trabajando en una investigación con la Academia China de Ciencias Sociales. América Economía conversó con ella sobre las oportunidades y desafíos de las propuestas chinas del Banco Asiático de Infraestructura y la iniciativa de “Una franja y una ruta” que busca revivir la antigua Ruta de la Seda y así facilitar el intercambio comercial con Europa. Rodríguez, quien hizo una Maestría en Administración Pública en la Universidad de Harvard, afirma que las organizaciones no gubernamentales (ONG) son utilizadas para impedir el avance de los proyectos chinos en occidente y, además, sirven para promover la democracia occidental en el mundo como una verdad casi religiosa.



Como socio principal en temas de infraestructura, China ha invertido mucho alrededor del mundo. Recientemente se han escuchado las propuestas del Banco Asiático de Infraestructura (BAII), el Fondo de la Ruta de la Seda, el Banco de los Brics, etc. ¿Con qué ojos deben mirar estas propuestas los países en vías de desarrollo?

Patricia Rodríguez: A pesar de que Estados Unidos les dijo a sus aliados que no entraran en el BAII, ellos no pudieron resistirse. Entonces, los latinoamericanos seríamos muy tontos si no hacemos lo mismo. Esta es una oportunidad de desarrollo que se nos está presentando. China tiene exceso de capacidad en la construcción de carreteras y de trenes de alta velocidad y eso es lo que nosotros más necesitamos. La característica principal de la iniciativa “Una franja, una ruta” se puede resumir en una palabra: conectividad. Lo que los chinos buscan es conectividad porque quieren repetir en el mundo lo mismo que a ellos les trajo su gran éxito. Eso fue conectar el este con el oeste mediante carreteras y trenes. Los latinoamericanos no hemos hecho eso.

El premio Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz, en una columna publicada en diario El País, de España, señaló que “el que Estados Unidos se oponga al BAII no es consistente con sus prioridades económicas declaradas en Asia” y agregó que “por desgracia, este parece ser otro caso de inseguridad estadounidense sobre su influencia mundial”. ¿Qué opina usted?

Basta ver las campañas electorales en EEUU, China es el chivo expiatorio de todos sus problemas. Ellos tienen horror del ascenso chino y así ha sido siempre. Desde que Japón estaba creciendo tremendamente, en Estados Unidos se discutía cómo “bajar” a Japón, igual pasó cuando Brasil quiso incursionar en el mercado de las computadoras, inmediatamente impusieron medidas comerciales para detener a Brasil. EEUU no puede permitir que surja alguien que amenace su hegemonía. De hecho, el prestigioso experto estadounidense en Relaciones Internacionales, John Mearsheimer, reconoce que EEUU simplemente no quiere que nadie cuestione su hegemonía, entonces ellos ven la propuesta china de “Una franja, una ruta” y el BAII como amenazas a su hegemonía.

Una de las críticas que se le hace al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial es que han condicionado la entrega de préstamos a cambio de que las naciones prestatarias se sujeten a su receta ideológica de desarrollo. ¿Están las propuestas chinas del BAII, el Banco de los Brics y el Fondo de la Ruta de la Seda libres de ideología?

La única ideología que tienen los chinos es el pragmatismo. Pero esa forma de pensamiento no quiere imponer ningún sistema político, ningún sistema de valores, simplemente hacer buenos negocios que tengan la característica de ganar-ganar. En el esquema darwiniano de la competencia que existe en occidente, las palabras “ganar-ganar” y “cooperación” no existen, solo existe la “competencia”.
Lamentablemente hay otras fuerzas detrás de quienes critican y se oponen a muchos de los proyectos chinos en otros países. Algunos le llaman “sociedad civil” pero, en realidad, no es eso, sino organizaciones muy bien estructuradas con directrices hechas en EEUU y en Europa. Me refiero a las ONG, al activista pro democracia, pro derechos humanos. Lo que está ocurriendo es que en los países occidentales no se pueden plantear propuestas porque siempre hay ONG que se oponen a algo y como ellas trabajan en red y, por ejemplo, las ambientalistas se unen a las que son antiglobalización, las pro gay y las feministas, todas se unen en cualquier causa que atañe a una de ellas. Entonces si en un país se necesita combatir un proyecto, todas se juntan, aglomeran un montón de gente para protestar en las calles, los gobiernos tienen miedo y no toman decisiones. Esas ONG no son representantes de la “sociedad civil” porque no toman en cuenta a las mayorías, sino que solo toman en cuenta los intereses de quienes las financian.
Para citar un ejemplo, en Costa Rica han querido construir la carretera 32 vía al Limón que se necesita urgentemente para desarrollar el comercio por el Atlántico y no se ha podido porque ha habido mucha gente que se ha opuesto a que China la construya.
Asimismo, yo creo que la propuesta del tren interoceánico Brasil-Perú, que tiene el apoyo de China, va a ser muy difícil de concretarse porque las ONG estadounidenses se van a oponer.
Si uno analiza los proyectos chinos en América Latina, uno se pregunta por qué México canceló, de un momento a otro, el proyecto del tren de Querétaro y el Dragon Mart en Quintana Roo, decisión que sorprendió a China. Cuando eso pasó, en las calles mexicanas había muchas protestas que definitivamente tenían influencia de ONG internacionales. Esto me da tristeza porque, otra vez, estamos perdiendo la posibilidad de desarrollarnos. Lo peor es que estos activistas no saben quién los está mandando porque es una cadena y quien, en última instancia, los financia es el Congreso de EEUU.
Así pasó en la Primavera Árabe, los activistas pensaban que estaban participando en política y cuando lograron tumbar el gobierno de Hosni Mubarak en Egipto, nadie sabía qué hacer. La promoción que hace EEUU de la democracia como si fuera una religión en países que no tienen las características ni la institucionalidad para ser democracias al estilo occidental, no está bien.
En el caso de la Primavera Árabe se aplica muy bien lo que dicen los chinos: el revolucionario nunca puede ser el constructor porque solo sabe destruir. Entonces China no quiere el camino de las revoluciones, sino el camino de la estabilidad y el aprendizaje para poder construir sobre la experiencia pasada.
Respecto a la propuesta china de  “Una franja, una ruta”, considero que también está amenazada por las ONG porque es la vía por donde los poderes occidentales están haciendo la guerra a quienes no piensan como ellos. De hecho, esta estrategia tiene un nombre. Hillary Clinton, en todos sus discursos, decía que ella está aplicando el “poder inteligente” (smart power). Este concepto, en realidad, es de Joseph Nye, ex subsecretario de Defensa bajo la administración Clinton. Él sugiere que las estrategias más eficaces en la política exterior de hoy requieren una mezcla de recursos de poder duro y blando. “Poder inteligente” es servirse de autores no estatales para lograr sus propósitos.


Hay quienes hallan un paralelismo entre la iniciativa de “Una franja, una ruta” y el Plan Marshall que impulsó EEUU para reconstruir Europa después de la Segunda Guerra Mundial y, también, para extender su influencia allí. ¿Encuentra usted similitudes?

Yo diría que hay una similitud positiva en el sentido de que el Plan Marshall fue una iniciativa ganar-ganar porque ganó Europa y ganó EEUU. Pero la diferencia radica en que el Plan Marshall excluía a la Unión Soviética porque como EEUU ganó la guerra puso las reglas y dijo que quién no se alineaba con el sistema capitalista de mercado, no entraba, y obviamente los soviéticos no lo iban a hacer. Además excluyeron a Polonia y Checoslovaquia que querían adherirse, pero los soviéticos no los dejaron.
El Plan Marshall tenía una finalidad geoestratégica porque tenían terror de que el comunismo entrara en Europa, entonces ahí había una razón ideológica. En cambio, en el caso del proyecto “Una franja, una ruta”, se trata de revivir la vieja ruta de la seda que era una idea brillante porque lo que verdaderamente funciona contra el terrorismo, por ejemplo en la zona de Asia Central, es el desarrollo económico. En pobreza florece el terrorismo; en riqueza, no. Por eso los chinos siempre han pensado que esa zona hay que desarrollarla y este proyecto caló muy bien con Europa porque necesita integrarse a China a través de toda esta faja para superar la crisis económica que vive. Entonces es una gran solución para Europa. Es una alternativa que no lleva metida ideología alguna, sobre todo, porque integra países que son contrarios los unos a los otros. Imagínese que el Banco Asiático de Infraestructura integra a Israel e Irán. Eso no lo hacía el Plan Marshall. Se trata del pragmatismo chino y yo creo que el mundo está necesitado de eso. El mundo está cansado de politiquería, de la injerencia en asuntos domésticos y está cansado de no ver a largo plazo. El pragmatismo funciona y eso lo demuestran los hechos, sino mire a China. Las ideologías nunca funcionan. 

*Esta entrevista fue publicada en diario El Telégrafo, de Ecuador:

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Camping en la Muralla China / Camping in the Great Wall



Ocho veces he ido a la Muralla China, pero recién la octava vez conocí su rostro más genuino. Ese que tiene arrugas y manchas. Ese que aún no ha sido maquillado. Ese que generalmente no ven los turistas. Es una muralla distinta a la que había visto antes. Esta muralla que conocí es como una persona anciana que ha perdido vitalidad y ahora es muy frágil, aunque en las zonas turísticas, los chinos nos muestran una muralla adolescente. Algunos la llaman “Muralla salvaje” (Wild Great Wall) porque muchos de sus tramos se han ido destruyendo con el pasar de los años y la consideran “peligrosa”, incluso hay partes cubiertas de vegetación que dificultan su recorrido. Es allí donde vi los mejores paisajes de la Muralla China.

Con cuatro amigos quisimos embarcarnos en esta aventura. Cada uno había ido varias veces a los  tramos de la muralla que han sido restaurados para los turistas. La zona de Badaling es la más popular por su cercanía a Beijing (80 km) y porque la imponencia de la muralla es indiscutible.

Sin embargo, lo que se ve en Badaling tiene poco de lo que, en realidad, fue la muralla: los ladrillos lucen nuevos, se han dispuesto barandas a los lados para que los visitantes puedan apoyarse al subir algunos tramos empinados, hay muchos vendedores de recuerdos y bebidas que triplican o quintuplican su precio real, y, sobre todo, hay una marejada de gente que hace que tomarse una foto donde se aprecie la muralla sea una misión complicada. Lo que se muestra en Badaling es el producto de una profunda restauración con un objetivo turístico. Tal como si a una mujer anciana se le aplicara una gruesa capa de maquillaje para disimular las huellas de la edad. Hay quienes defienden a las arrugas como trofeos de batallas vividas. Pero si no se aplicaran técnicas de restauración en todos los destinos turísticos del mundo, me pregunto: ¿cómo sería el puente de San Francisco o el Tower Bridge de Londres, que dicho sea de paso, son muchos más jóvenes que la Muralla? Seguramente no se permitiría el paso de turistas como ocurre en los vestigios de los Mayas en Tulum o en las pirámides de Egipto porque es tal el grado de deterioro que es peligroso que visitantes caminen a través de ellos.  

La discusión sobre cuál es la forma adecuada de restaurar sin que se pierda la esencia se la dejo a los restauradores y arquitectos. A mis amigos y a mí lo que nos interesaba era la aventura de recorrer la muralla por una ruta que no había sido diseñada para los turistas.

Nos citamos a las 13h00 en la estación de buses de Dongzhimen, al noreste de Beijing, en la línea 2 del metro. Federico y Pablo, de Uruguay; Jean Baptiste, de Francia; María Esther, de Perú, y yo, de Ecuador estuvimos puntuales. Cada uno cargaba una pesada mochila en la espalda y además dos bolsos en los brazos. Adentro había comida, bebidas, bolsas de dormir, repelente para mosquitos y un botiquín en caso de emergencia.

Tomamos el bus 916. Aproximadamente una hora después llegamos la estación de bus Huairou (怀柔站). En realidad, no nos dimos cuenta porque todos estábamos dormidos. Fueron los pasajeros chinos del bus quienes nos habían escuchado decirle al chofer hacia dónde íbamos y fueron tan amables de estar pendientes de nosotros. Por eso, al llegar todos gritaron: 外国人下车 (waiguoren xiache) que significa “los extranjeros se bajan”.




Allí debíamos tomar un carro que nos llevara hasta la aldea Nanjili. Con mapa en mano y haciendo gala de su chino fluido, María Esther, que ya ha estado 7 años viviendo en China, le explicó al chofer adónde íbamos y regateó. Ese trayecto tomó alrededor de 1 hora. Al llegar a la aldea, tuvimos la suerte de encontrar a una mujer que estaba barriendo su casa. “¿Van a la muralla?”, preguntó. Evidentemente no éramos los primeros extranjeros, con ínfulas de Marco Polo, que habían llegado a ese lugar. “No, gracias, ya tenemos un mapa”, le contestamos. “¿Seguro? yo puedo llevarlos”, dijo la mujer. “No, no, podemos llegar solos”, contestamos. Menos mal María Esther tuvo la precaución de pedirle el número de teléfono y decirle que, en caso de que nos perdiéramos, la llamaríamos. Eran aproximadamente las 4pm de un caluroso día de agosto.




Federico y Pablo tomaron la delantera. A lo lejos, en la cima de la montaña se veía la torre o zhengbeilu, pero lo curioso es que nuestro camino iba en descenso y cada vez encontrábamos más arbustos. Por un momento me sentí en la Amazonia. Después de media hora de caminata en medio de árboles y maleza, nos dimos cuenta de que ese no podía ser el camino. Nos habíamos perdido, así que María llamó a la señora y tuvimos que regresar. En ese momento, nos comenzó a preocupar que pronto anocheciera y nos quedáramos sin luz. La señora dijo que si íbamos a buen ritmo, llegaríamos en poco más de una hora. Pero justo antes de arrancar, la señora se percató de que María Esther llevaba unas sandalias (grave error tomando en cuenta que íbamos a escalar una montaña). Sin que se lo pidiéramos, la señora le ofreció un par de zapatos a María. Afortunadamente calzaban la misma talla. Esos, tal vez, fueron unos de los zapatos más baratos que María ha comprado en su vida (20 yuanes o 3.5 dólares), pero definitivamente de los más útiles y oportunos. Así, nos lanzamos a la montaña. Junto a la señora china a la cabeza iban Federico, Pablo y Jean Baptiste. María Esther y yo, poco a poco, nos fuimos quedando atrás. Después de unos 45 minutos, yo empecé a sentirme muy débil, no había almorzado y, de repente, comencé a ver todo borroso. Sentía que iba a desmayarme, así que le dije a María que no podía continuar, que siguieran ellos, yo necesitaba comer y beber agua, sino arruinaría el viaje. En ese momento ya habíamos perdido de vista a Federico y Pablo. María no dudó ni un minuto, también estaba muy cansada. Los demás comenzaron a llamarnos. Aunque no nos veíamos, les dijimos que continuaran, que descansaríamos un rato. Así lo hicimos. Preparamos unos sánduches de queso con mortadela, comimos unos chocolates para elevar la glucosa y mucho jugo de naranja. Después nos quedamos conversando. Estuvimos ahí una media hora. Aunque teníamos miedo de que los demás se alejaran mucho y les perdiéramos el rastro, necesitábamos urgentemente descansar y comer. Afortunadamente al poco rato de escalar nos encontramos con Jean Baptiste que se había quedado esperándonos. Una media hora después, por fin, llegamos a Zhengbeilu. Le pagamos con gusto los 200 yuanes (unos 33 dólares) que nos pidió nuestra salvavida china.



Llegamos justo antes del atardecer. A partir de ahí, todo lo que pueda describir con palabras se quedaría corto con lo que mis ojos vieron. Pararse frente a un mar de nubes y ver a la muralla zambullirse como un dragón entre esas olas de algodón fue un espectáculo impresionante. Desde esa torre vimos cómo se escondía el sol al atardecer y cómo saludaba a la luna que llegaba imponente y solitaria. Así también quedó la Gran Muralla por primera vez frente a mis ojos. Sola. Sin gente que se quejara de sus interminables escalones ni del sol inclemente, ni niños escapando de los brazos de sus padres, o ancianos sentados tomando un descanso. En la noche, no había filas de turistas liderados por un guía con su banderita que gritaba con fuerza la historia de las miles de personas que trabajaron para construir este monumento que es orgullo de los chinos.




Alumbrados solo por la luna nos pusimos a armar las tiendas de campaña. Ese día constaté lo inútil que soy en estas cosas. Menos mal, Pablo, Federico y Jean Baptiste tenían más experiencia e ingenio. María Esther, por su lado, intentaba prender fuego. Cuando todo estuvo listo, y porque ya estábamos muy cansados, solo teníamos ganas de mirar a las estrellas. Pocas veces en la vida he tenido la oportunidad de ver un cielo tan despejado. A esa hora, las montañas y la muralla eran solo un mar negro a nuestro alrededor. Únicamente nos acompañaban las estrellas y el ruido de los insectos. Eso y el cansancio nos arrullaron.


A la mañana siguiente, el mismo ruido de los insectos y los primeros rayos de luz nos despertaron. Ver el amanecer en la muralla fue como descubrir el verdadero rostro de una mujer sin maquillaje. Una deliciosa oportunidad de encontrar belleza en lo imperfecto. Pronto, el mar negro se disipó y, en su lugar, hizo su entrada triunfal el sol en medio de rayos de luz naranjas y rojos.








Nos apuramos en desarmar las tiendas y acabamos nuestras últimas raciones de pan, jamón, queso y jugos en el desayuno. Aprovechamos para sentarnos a contemplar ese magnífico escenario y luego nos lanzamos nuevamente a la aventura. Nos habían dicho que solo teníamos que seguir la ruta de la muralla y que llegaríamos a Mutianyu, una de las zonas restauradas.






Una hora demoramos. Pero ese tramo fue uno de los más peligrosos. Es más fácil resbalarse cuando estás descendiendo, sobre todo, en ese terreno que era empinadísimo y no había escalones ni barandas, sino maleza, árboles y piedras. Muchas piedras. Por si fuera poco, algunas partes de la muralla se iban derrumbando cuando las pisábamos. María Esther tenía dificultades. Jean Baptiste y yo la ayudamos. Además, al tener las piernas más cortas, le costaba más estirarse o saltar para esquivar las piedras. Así, con un poco de temor y dándonos la mano entre todos, llegamos a Mutianyu. Nos recibió un cartel donde decía: Esta zona no es apta para turistas. Al lado estaba una señora que tenía una pequeña tienda de bebidas y artesanías. Para nosotros, esa tienda fue, más bien, un oasis y significó también el regreso “a la civilización”. Fue ahí donde terminó el silencio y también la auténtica muralla, esa que no olvidaré.  

jueves, 10 de diciembre de 2015

Concurso de español en China: España 1 - Latinoamérica 0

Hace poco fui uno de los jurados del concurso para estudiantes de español organizado por la CCTV, que es el principal canal de China. Lo que más llamó mi atención fue comprobar el escaso conocimiento que tienen los estudiantes chinos de español sobre Latinoamérica y lo mucho que se especializan en España. 




Una de las pruebas del concurso fue un debate donde cada finalista representaba a un país y debían tratar de convencer a un turista de que escogiera ese destino para su próximo viaje. Los países que ellos representaron fueron Argentina, Colombia, Perú, Chile, España y México. La representante de Colombia dijo que allí las hormigas eran una delicia gastronómica y no mencionó a la bandeja paisa. La de Chile jamás mencionó el pisco ni la playa de Viña del Mar. Recordó a Neruda, pero olvidó a Gabriela Mistral. El de México omitió mencionar a los mayas y a los aztecas. Dijo que el plato típico eran las tortas, pero se le escapó mencionar a los tacos. La representante de Argentina dijo que la mayor riqueza cultural de ese país era el ser una mezcla de las culturas de Italia, España y los nativos argentinos. Ni Borges ni Gardel pasaron por su cabeza. Sin embargo, la finalista que representó a España habló de cada una de sus regiones, de sus escritores, sus playas y su comida. Lo más sorprendente es que todos los finalistas tuvieron tiempo para prepararse con antelación. 





Yo, sinceramente, no culpo del todo a los estudiantes chinos, sino a la forma en cómo está diseñada su malla curricular cuando estudian para ser hispanistas. Según la visión de los profesores chinos que diseñan esos programas, solo el español de España es el puro, lo que hablamos en Latinoamérica es el hijo bastardo y defectuoso. Triste visión y, sobre todo, miope. Pero no solo es cuestión de ellos. Los latinoamericanos no hemos hecho bien la tarea de difundir nuestro español y convertirlo en un ‘gancho’ para atraer estudiantes a nuestros países. Eso, España y su Instituto Cervantes lo hacen bastante bien. Ahí, las universidades latinoamericanas tienen una oportunidad.


miércoles, 9 de diciembre de 2015

Alerta roja en Beijing

El martes 8 y miércoles 9 de diciembre se declaró la alerta roja por contaminación en la capital china. Aunque es la primera vez en la historia que se declara una alerta roja, quienes vivimos en Beijing sabemos que estos días no han sido los más contaminados, de hecho, hace solo una semana la niebla tóxica era más densa y mi nariz y garganta (los radares que llevo incorporados porque soy asmático) me decían que la situación era grave. En enero de 2013, el índice de las partículas PM2.5 rompió records y llegó incluso a 500. Pues bien, hoy el índice solo marcaba 200. El índice al que me refiero es el que mide la cantidad de partículas PM2.5 en el aire. Dichas micropartículas se producen por el procesamiento del carbón y otros minerales, y son tan pequeñas que pueden llegar a los pulmones causando enfermedades respiratorias. ¿Por qué recién ahora hicieron la declaratoria? No lo sé...

Desde Jingshan mirando hasta la torre de la campana que no se alcanza a ver por la niebla. 

Beihai

La Ciudad Prohibida

Ciudad Prohibida

Plaza de Tian'anmen, al fondo el mausoleo de Mao Zedong.

Plaza de Tian'anmen

Entrada a la Ciudad Prohibida

En la estación Dongsishitiao. 

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Un día de alerta naranja por contaminación en Beijing

Mientras en París, los líderes mundiales se reunían a hablar sobre cómo mitigar los daños ambientales sin que eso signifique renunciar al desarrollo, en Beijing, la capital de uno de los países que más contamina en el mundo, una neblina tóxica se agudizaba. "¿Este es el precio del desarrollo?", le pregunté a un amigo chino. "Bueno, San Francisco y Londres padecieron lo mismo durante la revolución industrial y hoy son desarrolladas", respondió.


Lunes 30 de noviembre de 2015. Atardecer en la capital china el día en que declararon la alerta naranja por contaminación, situación que ya no nos sorprende a quienes vivimos en Beijing. El nivel de las partículas PM2.5 superó los niveles tóxicos y representaba un gran riesgo para la salud humana. 


Martes 1 de diciembre de 2015. No ha corrido viento y la situación empeora. La nariz y la garganta están irritadas. Un ejército de gente enmascarada llena las calles. 



Exageraría si dijera que todos los días son así en Beijing, de hecho no había visto un día tan contaminado como este desde enero de 2013. En verano hay muchos días de cielo azul, pero en invierno todo se complica porque encienden la calefacción que es alimentada con energía obtenida del carbón. Estamos a -10 grados, así que apagar la calefacción tampoco es opción. 



En palabras sencillas, las partículas PM 2.5 son tan pequeñas que puede atravesar las barreras protectoras de nuestro sistema respiratorio hasta llegar a los pulmones y, a la larga, provocar enfermedades. En China, el índice de personas con enfermedades respiratorias y cáncer de púlmón está creciendo aceleradamente. 


¿Por qué no toman medidas radicales? Eso significaría suspender las actividades de cientos de fábricas metalúrgicas y, por ende, frenar el desarrollo económico del país. Cuando a los chinos se les cuestiona esto responden: "Meibanfa" que significa "no hay modo, no queda de otra".


Así que como "no queda de otra", Totoro y yo nos fuimos a dar un paseo. La vida continúa, solo hay que protegerse. 


Con Michael, Xiaofei y Totoro dando un paseo en Ciudad Gótica. 






martes, 1 de diciembre de 2015

Permiso para tener dos hijos

El Partido Comunista de China acaba de derogar la política del hijo único que estuvo vigente por 35 años, pero no espera un boom demográfico. La medida se viene analizando desde hace años  debido al rápido envejecimiento de la población que amenaza el desarrollo económico del país.

Por Rafael Valdez, desde Beijing



Los chinos viven más tiempo y la tasa de natalidad no varía. El resultado de esa ecuación es una sociedad que envejece rápidamente y eso amenaza las expectativas de crecimiento económico del gigante asiático. Justamente por eso, el Gobierno Chino acaba de derogar la política del hijo único que estuvo vigente durante 35 años e impidió el nacimiento de 400 millones de chinos.
Si bien,  esta decisión ha sido entendida por algunos analistas occidentales como una medida para paliar la desaceleración de la economía china que ya no crece a dos dígitos, sino al 7%, la reciente derogación de la política del hijo único no se decidió de la noche a la mañana. Como todo en el país de Confucio, se dio de forma gradual.
En 2013, el Partido Comunista ya flexibilizó un poco dicha política. Ese año decidió que las parejas podían tener dos hijos, siempre y cuando uno de los cónyuges fuera hijo único. “Se estimaba que con dicha flexibilización se incrementaría en uno o dos millones el número de nacimientos anuales, pero hasta ahora solo el 6% de las parejas elegibles aplicaron para un segundo hijo”, dijo en noviembre de 2014, Zhao Yanpei, funcionario de la Comisión Nacional de Salud y Planeación Familiar, a un medio oficial chino.
A esto debe sumarse que en ese país, la expectativa de vida al nacer se ha extendido. En el año 2000, la expectativa era de 71 años, mientras que en 2014 fue de 75 años. Hoy, una décima parte de la población es mayor de 65 años y, según estimaciones oficiales, el porcentaje de adultos mayores chinos alcanzará el 15% en 2027 y el 20% en 2035. ¿Qué implica esto para el Estado? Menos gente en edad de trabajar que aporte a las arcas fiscales y, al mismo tiempo, mayor número de personas a quienes brindar seguridad social, pensión jubilar, atención médica, etc. Y, además, menos mano de obra joven que sirva de engranaje en la “world factory”.



No, gracias
A pesar de la derogación de la política del hijo único por la que, según cifras extraoficiales, se efectuaron 336 millones de abortos, 196 millones de esterilizaciones y se insertaron 403 millones de aparatos intrauterinos, no siempre con consentimiento, hoy los chinos no saltan de alegría. Tener un hijo en la China de hoy es sumamente caro; dos sería un lujo y tres, una locura. Al menos eso dicen los chinos en weibo, el twitter chino, una de las fuentes de información más fidedigna debido a la censura del Gobierno.
La razón: los hijos únicos nacidos en las décadas del 80 y el 90 tienen que hoy mantener familias de seis personas si se suman los padres de ambos. Agregar a esto dos hijos sería una locura en un país donde el salario promedio nacional en 2014 fue de 49.969 yuanes, es decir 4164 yuanes mensuales (unos 694 dólares), según un informe publicado por la Oficina Nacional de Estadísticas de China.
“El hecho de que el Gobierno presente la política de dos hijos no tendrá ningún impacto significativo en la sociedad porque hay una creciente nueva generación de familias que no quieren tener un segundo hijo”, dice Liang Zhongtang, experto demográfico de la Academia de Ciencias Sociales de Shanghai.
Pero eso ocurre en las ciudades. El experto Xu Shicheng, de la Academia China de Ciencias Sociales, afirma que en las familias del campo, la medida sí podría tener un gran impacto. “Esa mano de obra joven no solo ayudará a mantener el ritmo de crecimiento del aparato productivo del país, sino que además dinamizará el consumo interno que es la clave del nuevo modelo económico que el Gobierno está impulsando”.


El origen de todo
Durante los últimos 30 años, el motor de la economía china fue la inversión y las exportaciones. A finales de 1970, China abrió sus puertas tras la instauración de la política de reforma y apertura, impulsada por el pragmático Deng Xiaoping. En esos años también se instauró la política del hijo único. Para entonces, China era muy pobre. La noche del Nuevo Año Chino, o Festival de la Primavera, era la única vez del año en que –los más afortunados- podían comer carne de res, pollo, pescado y cerdo al mismo tiempo. El resto, no. Y, sin ir muy lejos, entre 1958 y 1961 (“los tres años amargos”), unos treinta millones de chinos, según cifras extraoficiales, murieron de hambre. Ese trauma no se olvida.

Tales niveles de pobreza -que en Ecuador no se han vivido- sirvieron como justificativo para la implementación de la política del hijo único. La lógica era que frenar el crecimiento poblacional ayudaría a aliviar los problemas sociales, económicos y ambientales, y permitiría que el país creciera rápidamente. Este último punto se logró. China creció a dos dígitos porcentuales durante tres décadas y se convirtió en la segunda economía del mundo, pero también hubo otras consecuencias. La política del hijo único, sumada a la preferencia cultural china por los hijos varones, hizo que muchas niñas fueran abandonadas en orfanatos y que se realizaran abortos selectivos e incluso se dieron casos de infanticidio femenino. Hoy, en China hay 114 hombres por cada 100 mujeres y, según un estudio de la Academia China de Ciencias Sociales, 24 millones de chinos se quedarán solteros porque no tendrán con quien casarse en 2020. Este es otro objetivo detrás de la nueva política de dos hijos: lograr el reequilibrio de género en China. 

* Artículo publicado en la segunda edición de octubre 2015 de revista Vistazo, Ecuador. 

martes, 10 de noviembre de 2015

与中国人同住


*拉法埃尔 巴尔德斯

为了更好地学习中文,我决定与中国人一起合住。这样, 我有机会认识了不少友善、乐于助人的朋友,也碰到了一些内向、非常自制的人。无论如何,我觉得这是一个了解中国的好方法。




在北京,许多外国人是住在“气泡”里的。我的意思是,他们看起来住在中国,可实际上他们的朋友是外国人,他们在国际连锁超市购物,他们经常去外国人聚集的地方。这样的生活,要想深入了解中国文化根本不可能,我不想这样。

我在一个中国公司工作,这当然有助于了解中国人的思维方式,但与他们同住一定会是另一番光景。我决定和一个中国人合租。通过The Beijinger我认识了胡娜。她24岁、个子高挑、纤瘦,北京人,身材一看就是经常光顾健身房的人。虽然学的是服装设计专业,但其实她更喜欢教别人学习编织。她是家里的独生女,父母已经给她买了两套住房。可为了锻炼自己的独立性和提高英语水平,胡娜决定从家里搬出来找个外国人合住。在朝阳区地铁六号线附近她租了一套三居室,然后在The Beijinger网站上发了合租帖子。第一个来的人是个叫阿卜杜勒的约旦人,40岁,单身。第一眼看上去很讨人喜欢,因为他表现得有教养、中文很好、工作也不错,所以,胡娜一下子就对他产生了信任。一个星期后,我也入住了。然而,没出几天,阿卜杜勒就露出了真面目。

摔盘子风暴
新生活的第一个周日,我被尖叫声惊醒了。打开门,我看到了愤怒的阿卜杜勒。他正对着胡娜大叫大嚷,原因是胡娜挪动了他放在厨房里的东西。他没找到他的茶,然后就爆发了。可怜的胡娜跟他不停地解释,她没有别的意思,只是想让厨房更整洁,而且请他原谅。然而,他还是无法控制地把所有能找到的东西都扔到地板上,打碎了好几个杯子和盘子。胡娜一边哭一边躲避着阿卜杜勒随手扔的东西。整个事件持续了几分钟,我却感觉有几个世纪那么长。因为太震惊了,我甚至不知作何反应。终于,阿卜杜勒先生摔东西摔累了,回去了自己的房间。我和胡娜也各自回了房间。

就这样平静地过了两天,母亲节到了。照习惯,我在skype上和妈妈聊天,因为是母亲节,我就和她多聊了一会儿,一个小时的样子。可是,第二天,胡娜发短信请我不要带女人回家。我不知道发生了什么,就打电话询问。原来是阿卜杜勒跟她说我昨天带了一个妓女回家,他什么都听到了。我向胡娜解释说,我没有带任何人回家,他听到的声音是我妈妈。那天晚上等阿普杜勒回家后,我去找他想和他谈一谈,没想到,他又怒了。他冲我大吼大叫,说怎么有人竟敢向他提意见?既然跟一个愚蠢的人讲道理是更愚蠢的表现,我后不犹豫地转身离开,留下他一个人在那里自说自话。第二天,我决定搬家。

荒唐的规矩
我逃也似地离开那个家,很快在The Beijinger上找到了新家。我很喜欢这个地段,因为楼房大都是新建的,装修得很好,租金也便宜。新房东叫李娜,26岁。她有一个空房间,出租的条件也只有一个:任何情况下都不能在家里接待朋友来访。那时,对我来说这个条件一点儿也不重要,我被上一家吓坏了,只想快些逃离,就欣然接受。

李娜跟我在互联网上了解的中国人完全不一样。她非常爱干净、有条理,使用的东西全是从香港购买的外国品牌,在客厅练瑜伽,在浴室摆放做足底按摩的机器,另外,还经常送我来自中国各地的小零食。李娜是河北人,五年前来北京定居,在一家房地产公司做销售。她卖房子得到的佣金让她生活得非常惬意,旅游、消遣以及各种喜欢的衣服。她厨艺很好,做的酸辣汤和宫保鸡丁简直让我吃到连手指都能嘬进肚子里。因为她,至今我最喜欢的中国菜还是酸甜可口的宫保鸡丁。

我们相处愉快,但却没能成为朋友,因为两个月后,我终于再也忍受不了她立下的规矩--不能邀请朋友来访。这样,我再次搬家了。

正在这时,一个一年前认识的中国朋友在找同屋,我就毫不犹豫地搬去跟他住了。

为了同住而妥协
王爱国也是河北人,29岁,在中国联通工作。和他一起生活让我知道了从小城市来北京工作的中国人,为了得到北京市户口所面临的压力。

爱国也和传统印象中的中国人不同,他也爱干净,生活很有秩序。厨房里所有的东西都有自己固定的位置。我别无选择,只能好好记住它们各自的位置,然后各归其位。调料瓶要放在碗橱的左边,锅放在右边,水壶要放在水池边上,厨房的地板上不能有一滴水,到处都要闪闪发亮。坦率地说,一开始的确让我费了很大劲儿来适应这样的卫生标准,不过,后来慢慢习惯就好了。

爱国很自律。做运动、工作、上网学法语,还有洗澡、洗衣服、收拾屋子、做饭等等都有严格的时间表。

让我惊讶的是他控制自己情绪的方式。一天,他打电话的时候,情绪表现得很激动,甚至流了眼泪。于是,等他放下电话以后,我走上去想安慰安慰他。我拥抱他,可没想到,他却跟我说,他不太习惯拥抱,中国人一般不这样做。他回去自己的房间把自己锁在里面,把我一个人留在那里不知所措。这样的事发生了几次后,我渐渐学会不动声色地关心他。我们在一起度过了不少开心的时光,比如一起做打卤面、油焖大虾等家乡美食。他也曾帮我办理各种对外国人来说比较复杂的手续,陪我到医院看病。

几个月过去了,我开始越来越多地邀请朋友来家里做客,一起看影片、一起做饭什么的。看起来爱国对这件事感觉有些困扰,于是制定了新的规矩:一周只能招待两次来访。

很遗憾,我只能再一次选择离开,因为我实在不想自己的家好像一个学校,同屋是一个监督而不是朋友。看来,并不是所有的朋友都能同住一个屋檐下。不过,我会继续寻找新的同屋,继续我的中国探险经历。



jueves, 22 de octubre de 2015

El resfrío del dragón

Para unos es el inicio de la caída de China; para otros, los recientes altibajos de su economía son tan solo síntomas normales de una transición de la que el gigante asiático saldrá fortalecido para convertirse en un país “modestamente acomodado” en 2020, tal como el Partido Comunista prometió.
Por Rafael Valdez, desde Beijing


Comenzó el Apocalipsis en China. O al menos, eso es lo que dicen algunos medios occidentales a propósito de la caída de la Bolsa de Shanghai, la devaluación del yuan y los desalentadores índices del sector manufacturero de la otrora “world factory”. A los chinos, en cambio, eso no es lo que más les preocupa. Si bien, la caída del mercado bursátil afectó a unos 90 millones de pequeños inversores chinos (ni el 7% del país), no fue el tema en boga de las redes sociales.

En las redes chinas como weibo (el twitter chino), renren (facebook chino) y weixin (whatsapp chino), los temas en boga fueron la explosión en el puerto nororiental de Tianjin, la celebración del aniversario del fin de la guerra de resistencia de China contra Japón, el desfile militar del 3 de septiembre y el Mundial de Atletismo que se realizó en la capital, Beijing.
La razón es clara: La salud del mercado de valores de China no refleja integralmente lo que ocurre en la economía real del país. Mientras en Estados Unidos, la mitad de la población invierte en acciones, solo un 6% de los chinos lo hacen.
“No es que a los chinos no nos importe la economía, sino que sabemos que este modelo es insostenible. Venimos hablando de la burbuja inmobiliaria desde hace años”, dice Aiguo Wang, economista de 35 años que trabaja en el departamento financiero de China Unicom, una de las principales empresas de telecomunicaciones del país. Wang gana 7000 yuanes mensuales (unos 1200 dólares) y acaba de dar la entrada para comprar un departamento de 55 metros cuadrados en Beijing. Cada metro cuadrado cuesta 60000 yuanes (unos 10.000 dólares), es decir que su pequeño departamento de un solo ambiente en total cuesta 3.3 millones de yuanes, esto es unos 550.000 dólares. “Para poder pagar la entrada tuve que hacer un préstamo al banco y, además, mis padres y mis tíos me prestaron sus ahorros. La diferencia la tendré que pagar durante 30 años. Mi realidad no es una excepción en China, es la situación generalizada de la mayoría de los jóvenes de mi edad. ¿Qué pasará si un día no puedo pagar la cuota del banco o de mis tres tarjetas de crédito? Perderé mi casa. ¿Así no estalló la crisis inmobiliaria del 2008 en Estados Unidos?”, comenta Wang indignado.
¿Burbuja inmobiliaria?
No son pocos los chinos que, como Wang, tienen muy presente la crisis financiera de las hipotecas basura que llevó al estallido del 2008 en Estados Unidos. En el caso de China, no se sabe hasta qué punto se usaron las acciones del mercado bursátil como garantías de los préstamos bancarios-hipotecarios. Los especialistas estiman que, si se usaron en gran medida, es cuestión de tiempo que la bomba explote y provoque bancarrotas. Además, afectaría las cuentas financieras de los bancos dejándolas en rojo.
Sin embargo, el hermetismo de las autoridades chinas y la falta de estadísticas económicas fiables, actualizadas e imparciales hacen prácticamente imposible que alguien fuera de las altas esferas del poder chino sepa la realidad de lo que hoy sucede en la economía del dragón asiático.
Por su lado, el Gobierno de Xi Jinping repite “que no cunda el pánico” a través de sus órganos de propaganda. El activo rol estatal en la economía china es visto por su población como una garantía de tranquilidad. La versión oficial es que las recientes volatilidades de los mercados bursátiles de China y la depreciación monetaria son "consecuencias naturales" de la transición económica que experimenta el país asiático. "Esta es una transición difícil, su consecuencia natural es que produzca volatilidad. Esta transición no se puede llevar a cabo sin contratiempos, así que no deberíamos sorprendernos al ver que esto sucede", indicó el presidente del Grupo Financiero Principal (GFP), Larry Zimpleman, en una entrevista con la agencia oficial Xinhua.
China, que llegó a ser la segunda mayor economía del mundo gracias a que se convirtió en la fábrica del mundo, quiere dejar de ser un paraíso manufacturero que atraía solo por sus bajos costos de producción. Hoy, el gigante asiático quiere exportar bienes con valor agregado, tecnología innovadora y, sobre todo, quiere que el motor de su economía sea el consumo interno de su población.

Nueva China
Treinta años atrás, la mayoría de chinos no tenía un alto nivel educativo y se conformaba con ganar salarios muy bajos. En ese lapso, 600 millones de personas dejaron la pobreza y han comenzado a ‘occidentalizar’ sus consumos. Son ellos quienes ya no aceptan salarios ínfimos y que estudian incansablemente para competir en el salvaje mercado chino.
Esta creciente clase media ha cambiado el rostro de China y ha provocado que decenas de empresas extranjeras hayan trasladado sus fábricas a países más baratos como Camboya, Vietnam o Bangladesh. Allá están actualmente las nuevas fábricas del mundo.  
En octubre de 2012, Adidas cerró la única fábrica que tenía en China, en el Parque Industrial de Suzhou. Lo hizo después de que su rival Nike trasladara la base manufacturera que tenía en China a países del sudeste asiático. En la fábrica de Adidas en la provincia de Anhui, al sur de China, el sueldo promedio de los trabajadores de la compañía en 2007 era de 1.100 yuanes. Con el aumento del costo de la mano de obra, el sueldo alcanzó los 2.000 yuanes (unos 340 dólares) justo antes de que tomaran la decisión de cerrar la fábrica en China. Mientras que en su fábrica en Camboya, el sueldo mínimo de los obreros era de solo 130 dólares.  
Esta situación le restó competitividad a las otrora invencibles fábricas chinas. Por eso, la devaluación del yuan fue bien recibida en su sector manufacturero. Un yuan más barato significa que las exportaciones serán más baratas, dice Xu Jianping, jefe de la compañía textil Zhongxiang, de la provincia oriental china de Zhejiang. Las ganancias de su compañía, que exporta ropa al extranjero, subirán 100 yuanes (cerca de 15,6 dólares) por cada punto básico en que caiga el tipo de cambio del yuan, explica Xu. 
Estas son las buenas noticias que él estaba esperando después de un primer semestre complicado. En julio, las exportaciones del país cayeron un 8.9% y, en general, el comercio exterior total descendió un 7,3 % en los primeros siete meses de este año. Por su lado, las empresas que dependen, en gran medida, de las materias primas importadas temen que un yuan más barato haga que se incrementen sus costos de producción. "Todavía no hemos notado los efectos porque estamos usando las reservas de petróleo, pero estimamos que el precio del crudo denominado en dólar subirá y, en consecuencia, las tarifas se incrementarán", explica Zhao Huili, director comercial de la refinería Luqing Petrochemical.
Asimismo, con un dólar más caro, las exportaciones de Ecuador y los demás países latinoamericanos a China también se encarecen. Si antes, las rosas, el banano y el camarón ecuatoriano ya eran productos que apuntaban a un segmento medio alto y alto, hoy son todavía más costosos. 
China está cambiando muy rápido y su atractivo ya no está en sus costos bajos. La ventaja de China reside en su enorme mercado conformado por 1300 millones de habitantes y el contar con una cadena industrial integrada”, dice Zhang Xiaoji, investigador del Centro de Investigación de Desarrollo del Consejo de Estado de China. Zhang afirma que antes las empresas de capital extranjero escogían a China por su abundante mano de obra, ahora valoran su mercado.
Mientras en Latinoamérica
Los altos precios de los commodities, impulsados por la gran demanda china, le dieron a Latinoamérica una década dorada que se tradujo en crecimiento económico de la región. Sin embargo, esa década terminó. China estornudó y Sudamérica está resfriada.
De los años en que se hablaba del milagro brasileño de Lula Da Silva, hoy Brasil está prácticamente en recesión. En Chile, la previsión del crecimiento de su economía se recortó hasta un rango de entre un 2,25 y un 3,25 %, cuando entre 2010 y 2013, el promedio fue del 4% anual. Este país, cuyo 25% de sus exportaciones va a China tiene que lidiar hoy con la caída del precio de los minerales. La libra de cobre, por ejemplo, actualmente oscila entre los 2,08 y 2,72 dólares; mientras que en 2011 el precio de la libra llegó a superar los 4,5 dólares.
Y ni hablar del petróleo. En Ecuador, el proyecto de la Refinería del Pacífico sigue estancado por esta coyuntura. El precio del barril bordea los 40 dólares, cuando hace tan solo una década superaba los 100 dólares.
"Estamos siendo testigos de un ciclo de mercado similar al de mediados de los años 1980 cuando las materias primas cayeron después de haber tenido precios muy altos”, afirma Jeff Currie, jefe de investigación de materias primas de Goldman Sachs.
Por otro lado, las monedas latinoamericanas se han devaluado mucho más que el yuan en los últimos meses. A inicios de agosto, el dólar subió 3.5% frente al yuan, mientras que se elevó en lo que va del año el 30.8% frente al real brasileño, el 23.7% ante el peso colombiano, el 12.4% frente al chileno, el 10.6% ante el mexicano y el 9% frente al argentino. Por eso, el economista Mauricio Mesquita, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) no teme una invasión de los abaratados productos industriales chinos, pero sí le preocupa la solidez de la economía china. “Si China crece menos del 7% la región será afectada, especialmente la exportación de materias primas”, dijo Mesquita a diario El País, de España. Las exportaciones brasileñas a China ya cayeron 15% en el primer semestre. “Más me preocupan Brasil, Venezuela y Argentina, que Colombia, Chile y Perú, cuyas economías son más sólidas. Ecuador también me genera dudas”, dice el especialista.
La respuesta china
Algo está claro: al Gobierno chino no le tiembla la mano cuando tiene que intervenir en la economía. En la última recesión económica mundial, el Gobierno lanzó un enorme programa de inversión estatal que le permitió salir airoso de la coyuntura y apoyar a otros países. Que no quepa la menor duda de que si esta vez la situación empeora y se afecta el índice de empleo, el Gobierno volverá a estimular la economía con una inversión en infraestructura. Dinero no le falta. China es el país con las mayores reservas de divisas del mundo: 3.73 billones de dólares hasta marzo de 2015.
Mientras tanto ya ha tomado medidas. A partir del 6 de septiembre, el coeficiente de reserva obligatoria (RRR, por sus siglas en inglés) para las instituciones financieras será recortado en 50 puntos base. Las tasas de interés de referencia también serán recortadas. Las tasas de interés para préstamos y depósitos a un año disminuirán 25 puntos base para llegar a 4,6 y 1,75 %, respectivamente. Esta es la cuarta reducción del RRR en casi siete meses y la quinta ronda de recortes de intereses en cerca de nueve meses. El Banco Popular de China (BPCh), el banco central del país, indicó que el propósito de la reducción del RRR es disminuir aún más el costo del financiamiento social y apoyar a la economía real.
Para los especialistas extranjeros, la solución implica decisiones más profundas. Según un artículo publicado en The Washington Post, “las reformas que necesita desesperadamente la economía de China implican medidas que sus líderes no pueden digerir: renunciar al control y la entrega de poder”. Duplicar los ingresos per cápita para el año 2020 con respecto al nivel de 2010, y hacerlo sin perder control, es el dilema rojo.

* Este artículo salió publicado en la revista Vistazo, edición de las 500 mayores empresas de Ecuador, septiembre de 2015.