lunes, 30 de diciembre de 2013

No todo es trabajo en China

Si usted también cree que en China nunca se descansa, que siempre se come escorpiones y que solo hay hora de entrada, pero no de salida, mejor siga leyendo… 

Fuente: Google images

Una escoba, un trapo húmedo y un escritorio polvoriento me dieron la bienvenida en mi primer día de trabajo hace más de un año en una empresa china. “Aquí cada quien se encarga de la limpieza de su espacio, mientras que los conserjes se ocupan de las áreas comunes”, me explicó una compañera. El espacio que me habían asignado evidentemente había estado desocupado durante meses. Las telarañas bajo el monitor de la computadora daban cuenta de ello. Después de habilitar mi escritorio, me presentaron al colega chino que haría las veces de mi niñero. Como llegué a China sin ni siquiera saber decir “ni hao” (“hola”, en mandarín), la empresa me asignó un compañero para que “se hiciera cargo de mis asuntos”. Esto incluía: ayudarme a conseguir un departamento, abrir una cuenta bancaria, llevarme a comprar lo básico para sobrevivir (como tenedor, cuchara y esas cosas), enseñarme a recargar el celular y hasta a cruzar la calle. Sí, puede sonar un poco exagerado, pero China es otro planeta y para un recién llegado -que es como un alienígena por el desconocimiento del idioma-, incluso lo básico puede convertirse en un martirio.

Mi colega se llama Miguel. Sin él, la situación habría sido insoportable. Con un poco de vergüenza abusé de su amabilidad, pero luego me enteré que la compañía tenía la política de que cada empleado extranjero debía recibir este tipo de ayuda para facilitar su adaptación.

Miguel tiene una vida mucho más sedentaria que los otros compañeros. Cada día, a las 10h00 y a las 15h00, los demás se reúnen en el patio para hacer ejercicios. Son solo diez minutos, pero incluyen ejercicios de respiración, estiramiento y un poco de aeróbicos. “La salud es lo más importante”, me explicaban los chinos cuando notaban mi cara de sorpresa al ver que ellos interrumpían sus labores para ir a hacer ejercicios.

Y esto no es cuento chino. Recientemente, el prestigioso Laboratorio de Comportamiento Humano (Human Dynamics Laboratory) del Massachusetts Institute of Technology (MIT), concluyó que “el coffee break puede incrementar el rendimiento laboral un 8%” tras hacer un estudio en call centers de Estados Unidos. “La cafeína por sí misma no aumenta la productividad, sino el hecho de generar una pausa y comunicarse con otros integrantes del equipo”, explicó el director del Laboratorio, Alex Pentland. En China más bien sería un tea break, pero el punto es lo importante que es tomar un respiro.

A las 11h30, mi jefa llama a todos los compañeros del departamento de español para ir a almorzar juntos. Durante media hora aproximadamente, conversamos de temas tan diversos como las novelas chinas de moda, el divorcio, la vida en Latinoamérica y hasta por qué creemos en Dios.
Se trata de un almuerzo tipo bufet en el que jamás me he encontrado con un escorpión ni una rana. Y eso que cada día podemos escoger entre unos 20 platos –todos chinos, por supuesto-.
Luego viene una caminata de una media hora. Unos recorren el patio, otros la manzana, el objetivo es mantenerse en movimiento para facilitar la digestión. 


En todo este proceso dan la 1 de la tarde cuando llega el sagrado momento de la siesta. Recuerdo que desde el día en que llegué me llamó la atención que en la oficina hubiera sillas reclinables como las que se usa en la playa, almohadas, colchas y pantuflas. No importa que sea un día de mucho trabajo, la hora de la siesta es sagrada y quienes no dormimos igual debemos rendirle pleitesía, esto es, hacer silencio, teclear suavemente, poner el celular en modo de vibración, cerrar con delicadeza la puerta, todo para no estorbar el encuentro de los colegas con Morfeo.

Durante una hora, el silencio inunda las oficinas y algunas cortinas se cierran para que la siesta se disfrute bajo la sombra. Este escenario cambia totalmente a las 2 de la tarde cuando suenan los despertadores. Es automático. Todos se levantan como si nada hubiera ocurrido, no hay bostezos, ni quejas, ni suspiros. Inmediatamente se reincorporan a sus tareas y esa, diría yo, es la hora pico del trabajo. Es como si la siesta les inyectara energía para trabajar a presión durante las siguientes tres horas. En ese lapso, y siempre acompañados de su termo lleno de té, trabajan y están muy concentrados. Solo se detienen a las 15h00 cuando nuevamente hacen ejercicios. De ahí, a las 5 en punto, cada quien toma sus cosas y se va. “Anda rápido a casa”, me ha dicho varias veces mi jefa, “es hora de ver a la familia”. Claro que esta última frase no se aplica para mí, sin embargo, lo interpreto como que cada quien tiene una vida personal y eso debe respetarse.

Antes de llegar a China, yo también pensaba que solo en una empresa como Google era posible que haya mesas de billar, gimnasio, cafetería, y salas de relajación a fin de que los empleados se sintieran mejor y esto se viera reflejado en su eficiencia y su sentido de pertenencia con la compañía.

Claro que este relato corresponde a una empresa pública china donde aún se conservan las tradiciones, a diferencia del sector privado donde se han adoptado costumbres occidentales. Aún así, en la nueva China todavía importa el equilibrio del ying y el yang. 

*Este articulo fue publicado por la revista VISTAZO, en la edición de las 500 MAYORES EMPRESAS (Septiembre 2013). 

No hay comentarios:

Publicar un comentario