viernes, 15 de marzo de 2013

Del flechazo al matrimonio



Del flechazo al matrimonio
Por RAFAEL VALDEZ MERA

Ser inversionistas y no solo proveedores. Diversificar la producción y apuntar a nichos. Esos son los retos en ambos lados del Pacífico, según concluyó la VI Cumbre Empresarial China-Latinoamérica efectuada en Hangzhou, China.

Cuando sales con una chica y al principio solo hay besos, si quieres estrechar más la relación tienen que hacer cosas juntos, hay que co-crear. De igual manera, si América Latina quiere acercarse a China se debe dejar de hablar de “trade” y mejor hablar de “innovación conjunta”, dijo Luis Arnal, CEO de Insitum. “Tengamos un bebé”, enfatizó el consultor mexicano entre risas.
Desde el año 2000, el comercio entre América Latina y Asia en general ha crecido a un ritmo extraordinario del 20,5 % anual, alcanzando una cifra estimada de US$ 442 billones en 2011, según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Si bien estas cifras fueron motivo de regocijo durante la VI Cumbre Empresarial China-Latinoamérica efectuada recientemente en Hangzhou, también fueron motivo de incertidumbre entre los empresarios de ambos lados por los desafíos que conlleva.
El reconocido periodista, Andrés Oppenheimer fue el primero en poner sobre la mesa un tema recurrente. “Hay quienes sostienen que esta relación está comenzando a ser contraproducente para Latinoamérica porque la región está regresando al pasado cuando dependía solo de materias primas. Incluso, muchos periódicos de Brasil y México dicen que no quieren volver a una economía extractivista como la hubo en la época colonial”, planteó Oppenheimer durante la primera conferencia realizada en la Cumbre a donde asistieron 1300 personas de 25 países.  
De inmediato, dos ejecutivos de empresas chinas con fuerte presencia en Latinoamérica destacaron que no todo gira en torno a la materia prima. Zhang Chunxiang, vicepresidente senior de Huawei, comentó que la firma lleva 15 años en Brasil y tiene 4000 empleados, en su mayoría, mano de obra local. Asimismo, Ma Jianrong, director general de Asuntos de Gobierno de Lenovo, resaltó la enorme fábrica de computadoras que tienen en México y sus operaciones en Argentina y Brasil. Ambos estuvieron de acuerdo en que para atraer mayor inversión china y cambiar el enfoque hacia productos con valor agregado hace falta más que buenas intenciones. “A los Gobiernos les corresponde definir políticas comerciales de largo plazo, demostrar consistencia y brindar estabilidad jurídica”, subrayó el ejecutivo de Lenovo.
No nos importa mucho ser el primero o segundo, dijo Ma, nos importa dónde podemos ser sostenibles. El ejecutivo se refirió a la excesiva burocracia que hay en los ministerios latinoamericanos y señaló que eso resta agilidad a las gestiones comerciales. Además, aconsejó a los Gobiernos: “No todo el mundo habla español, no todo el mundo habla chino, así que asegúrese de que tiene a la gente correcta para que hable con la gente correcta”.
También comentó sobre las barreras culturales. Si bien reconoció que tanto chinos como latinos son muy hospitalarios, sus actitudes hacia la vida son muy distintas. “La actitud china es ganar y ganar. Comprar un carro, una casa, luego otro carro y otra casa, darles buena educación a sus hijos… Entonces necesitan trabajar duro para ganar dinero. Sin embargo, tú puedes encontrar a alguien en Latinoamérica con poco dinero en el bolsillo que decide tomarse el día libre y no va a trabajar a la fábrica. Este puede ser un problema en la industria manufacturera. No estoy diciendo que los chinos hacen lo correcto y los latinoamericanos, no; sino que se trata de un asunto de cultura, actitud y estilo de vida. Entonces debemos ser flexibles, es una cuestión de comprensión”. Tal como en las parejas, la comunicación es clave.
Por su lado, Wan Jifei, presidente del Consejo Chino para el Fomento del Comercio Internacional (CCPIT), enfatizó que para que la relación se profundice hay que tener paciencia. “No debemos recurrir a medidas proteccionistas. La historia nos ha demostrado que eso no resolverá los problemas del desempleo y el crecimiento económico mundial”, acotó. Por el contrario, dijo, el libre comercio y la inversión son el motor del crecimiento. Para convertirse en un imán para los empresarios chinos, “Latinoamérica debe acelerar los proyectos de infraestructura y reducir las barreras arancelarias”, señaló el funcionario.

El desafío de la urbanización
Se estima que cada año unos 20 millones de chinos dejan las zonas rurales y migran a las ciudades, lo que implica que en el año 2030 las ciudades chinas acogerán a unos 300 millones de personas. Además se espera que en el año 2020, la inscripción de estudiantes en las universidades de China aumente en un 65 %, así que para el 2030, unos 200 millones de jóvenes en China tendrán títulos universitarios. Estos factores, sumados al aumento de los salarios, dan cuenta de que en China hay una clase media ascendente con otros hábitos de consumo.
“Los chinos ya no se conforman con comer y vestirse, sino que ahora exigen productos con valor agregado. Es una oportunidad para América Latina que podría explorar la venta de productos agrícolas de alto valor como cafés gourmet o vinos, y mejorar su sector de servicios, especialmente en turismo de lujo, desarrollo de software y servicios financieros”, sugirió el Presidente del CCPIT.
Con él coincidió Fernando Ocampo, viceministro de Comercio Exterior de Costa Rica, quien subrayó la importancia de apuntar a nichos. La competencia, dijo, no debe basarse en precios bajos, sino en productos diferenciados.
Por otro lado, el costarricense se refirió a la transformación de la relación. “La pregunta no es qué vendemos ni que compramos, sino cómo nos relacionamos. Debemos explorar nuevas formas de relacionarnos con empresas chinas, debemos convencerlos de que se instalen en nuestra región para abastecer a nuestro mercado. No solo debemos venir a China, sino llevar a los chinos a Latinoamérica”, acotó.
Luis Alberto Moreno, presidente del BID, añadió que al establecerse en Latinoamérica, las empresas chinas reducirían sus costos de transportación y, por su parte, los latinoamericanos ganarían plazas de trabajo y el aprendizaje de la tecnología asiática.
Mientras tanto el escenario actual es de comercio poco diversificado. La soya, por ejemplo, es el producto estrella de Argentina, Uruguay y Brasil. El petróleo lo es de Ecuador, Colombia y Venezuela. El concentrado de cobre lo es de Perú.
En Hangzhou quedó claro cuáles son las fortalezas y debilidades. Dejar de hablar de “trade” y empezar a “co-crear” es el desafío para que esta relación sea ganar-ganar. En la Cumbre, ambos lados dijeron “sí, quiero”.

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