Del
flechazo al matrimonio
Por RAFAEL VALDEZ MERA
Ser
inversionistas y no solo proveedores. Diversificar la producción y apuntar a
nichos. Esos son los retos en ambos lados del Pacífico, según concluyó la VI
Cumbre Empresarial China-Latinoamérica efectuada en Hangzhou, China.
Cuando sales con una chica y al principio solo hay besos,
si quieres estrechar más la relación tienen que hacer cosas juntos, hay que
co-crear. De igual manera, si América Latina quiere acercarse a China se debe
dejar de hablar de “trade” y mejor hablar de “innovación conjunta”, dijo Luis
Arnal, CEO de Insitum. “Tengamos un bebé”, enfatizó el consultor mexicano entre
risas.
Desde el año 2000, el comercio entre América Latina y Asia en general ha
crecido a un ritmo extraordinario del 20,5 % anual, alcanzando una cifra
estimada de US$ 442 billones en 2011, según estimaciones del Banco
Interamericano de Desarrollo (BID).
Si bien estas cifras
fueron motivo de regocijo durante la VI Cumbre Empresarial China-Latinoamérica
efectuada recientemente en Hangzhou, también fueron motivo de incertidumbre
entre los empresarios de ambos lados por los desafíos que conlleva.
El reconocido periodista, Andrés Oppenheimer fue el
primero en poner sobre la mesa un tema recurrente. “Hay quienes sostienen que
esta relación está comenzando a ser contraproducente para Latinoamérica porque
la región está regresando al pasado cuando dependía solo de materias primas.
Incluso, muchos periódicos de Brasil y México dicen que no quieren volver a una
economía extractivista como la hubo en la época colonial”, planteó Oppenheimer
durante la primera conferencia realizada en la Cumbre a donde asistieron 1300
personas de 25 países.
De inmediato, dos ejecutivos
de empresas chinas con fuerte presencia en Latinoamérica destacaron que no todo
gira en torno a la materia prima. Zhang Chunxiang, vicepresidente senior de Huawei, comentó
que la firma lleva 15 años en Brasil y tiene
4000 empleados, en su mayoría, mano de obra local. Asimismo, Ma Jianrong, director general
de Asuntos de Gobierno de Lenovo, resaltó la enorme fábrica de computadoras que
tienen en México y sus operaciones en Argentina y Brasil. Ambos estuvieron de
acuerdo en que para atraer mayor inversión china y cambiar el enfoque hacia productos
con valor agregado hace falta más que buenas intenciones. “A los Gobiernos les
corresponde definir políticas comerciales de largo plazo, demostrar
consistencia y brindar estabilidad jurídica”, subrayó el ejecutivo de Lenovo.
No nos importa mucho
ser el primero o segundo, dijo Ma, nos importa dónde podemos ser sostenibles. El
ejecutivo se refirió a la excesiva burocracia que hay en los ministerios
latinoamericanos y señaló que eso resta agilidad a las gestiones comerciales.
Además, aconsejó a los Gobiernos: “No todo el mundo habla español, no todo el
mundo habla chino, así que asegúrese de que tiene a la gente correcta para que
hable con la gente correcta”.
También comentó sobre las
barreras culturales. Si bien reconoció que tanto chinos como latinos son muy
hospitalarios, sus actitudes hacia la vida son muy distintas. “La actitud china
es ganar y ganar. Comprar un carro, una casa, luego otro carro y otra casa, darles
buena educación a sus hijos… Entonces necesitan trabajar duro para ganar
dinero. Sin embargo, tú puedes encontrar a alguien en Latinoamérica con poco
dinero en el bolsillo que decide tomarse el día libre y no va a trabajar a la
fábrica. Este puede ser un problema en la industria manufacturera. No estoy
diciendo que los chinos hacen lo correcto y los latinoamericanos, no; sino que
se trata de un asunto de cultura, actitud y estilo de vida. Entonces debemos
ser flexibles, es una cuestión de comprensión”. Tal como en las parejas, la
comunicación es clave.
Por su lado, Wan Jifei, presidente del Consejo Chino para el Fomento del
Comercio Internacional (CCPIT), enfatizó que para que la relación se profundice
hay que tener paciencia. “No debemos recurrir a medidas proteccionistas. La
historia nos ha demostrado que eso no resolverá los problemas del desempleo y el
crecimiento económico mundial”, acotó. Por el contrario, dijo, el libre comercio
y la inversión son el motor del crecimiento. Para convertirse en un imán para
los empresarios chinos, “Latinoamérica debe acelerar los proyectos de
infraestructura y reducir las barreras arancelarias”, señaló el funcionario.
El desafío de la urbanización
Se estima que cada año
unos 20 millones de chinos dejan las zonas rurales y migran a las ciudades, lo
que implica que en el año 2030 las ciudades chinas acogerán a unos 300 millones
de personas. Además se espera que en el año 2020, la inscripción de estudiantes
en las universidades de China aumente en un 65 %, así que para el 2030, unos
200 millones de jóvenes en China tendrán títulos universitarios. Estos
factores, sumados al aumento de los salarios, dan cuenta de que en China hay
una clase media ascendente con otros hábitos de consumo.
“Los chinos ya no se
conforman con comer y vestirse, sino que ahora exigen productos con valor
agregado. Es una oportunidad para América Latina que podría explorar la venta
de productos agrícolas de alto valor como cafés gourmet o vinos, y mejorar su
sector de servicios, especialmente en turismo de lujo, desarrollo de software y
servicios financieros”, sugirió el Presidente del CCPIT.
Con él coincidió Fernando
Ocampo, viceministro de Comercio Exterior de Costa Rica, quien subrayó la
importancia de apuntar a nichos. La competencia, dijo, no debe basarse en
precios bajos, sino en productos diferenciados.
Por otro lado, el
costarricense se refirió a la transformación de la relación. “La pregunta no es
qué vendemos ni que compramos, sino cómo nos relacionamos. Debemos explorar
nuevas formas de relacionarnos con empresas chinas, debemos convencerlos de que
se instalen en nuestra región para abastecer a nuestro mercado. No solo debemos
venir a China, sino llevar a los chinos a Latinoamérica”, acotó.
Luis Alberto Moreno, presidente del BID, añadió que al
establecerse en Latinoamérica, las empresas chinas reducirían sus costos de
transportación y, por su parte, los latinoamericanos ganarían plazas de trabajo
y el aprendizaje de la tecnología asiática.
Mientras tanto el
escenario actual es de comercio poco diversificado. La soya, por ejemplo,
es el producto estrella de Argentina, Uruguay y Brasil. El petróleo lo es de
Ecuador, Colombia y Venezuela. El concentrado de cobre lo es de Perú.
En Hangzhou quedó claro cuáles son las fortalezas y
debilidades. Dejar de hablar de “trade” y empezar a “co-crear” es el desafío
para que esta relación sea ganar-ganar. En la Cumbre, ambos lados dijeron “sí,
quiero”.

MUY BUEN ARTICULO MI ESTIMADO
ResponderEliminarATT. ANDRES M