domingo, 19 de enero de 2014

“No creemos en los TLC, en eso tenemos diferencias con China”

Por Rafael Valdez

El canciller Ricardo Patiño estuvo en Beijing donde dejó el camino listo para la visita del presidente Rafael Correa el próximo año a China. Impulsar el turismo y empujar las negociaciones de la Refinería del Pacífico fueron sus objetivos.



La economía latinoamericana se ha beneficiado de la demanda china de materias primas. Sin embargo, actualmente vemos que China se desacelera. ¿Qué expectativas tiene Ecuador al respecto tomando en cuenta que China es el principal financista de sus proyectos estratégicos?
Hay que diferenciar las dos cosas: primero, como financista de proyectos estratégicos, la desaceleración de la que hablas no tiene que afectar, sino lo contrario. Si hubiera tan fuerte desaceleración, ellos necesitarían poner recursos en otros lados, de tal manera que no va a afectar el financiamiento. Por lo pronto, China sigue buscando alternativas de financiamiento en América Latina. Por otro lado, aunque se habla de desaceleración, hay que tomar relativamente esos términos porque crecer solo al 7.5 % anual es igualmente crecer muy rápido. Cuando se lo compara con el crecimiento de España o Italia, el de China es uno de los crecimientos más espectaculares del planeta y, además, tiene 30 años en esa senda. Entonces, una pequeña desaceleración, ante la magnitud de la demanda china no tiene implicaciones muy importantes, así que no creo que eso vaya a perjudicar nuestra relación económica.

Ya que hablamos de petróleo, en marzo se promocionó en China la XI ronda petrolera de Ecuador. Además, paralelamente han seguido las negociaciones sobre el financiamiento de la Refinería del Pacífico. ¿Se ha concretado la participación china en ambas iniciativas? 
Hay concursos públicos de licitaciones petroleras en el sur de nuestro país donde empresas chinas están muy interesadas en participar. No podemos conversar sobre eso porque son procesos que están en marcha y mantienen un grado de confidencialidad.
Adicionalmente, estamos en diálogos muy avanzados con el sistema financiero chino y con empresas petroleras chinas para que ellas puedan participar en la construcción y también en el accionariado de la Refinería del Pacífico. Ya hemos iniciado el movimiento de tierra y la construcción de obras civiles básicas, pero esperamos que con la concreción de acuerdos con China se den los pasos definitivos en este proyecto. Vemos con muy buenos ojos el avance de las conversaciones para inversión china en explotación petrolera en nuestro país y en la explotación de recursos mineros.

Pasando a otro tema, se ha dicho que para negociar con un país de las dimensiones de China, Latinoamérica debería integrarse. Sin embargo, iniciativas como la Unasur se han ido debilitando, mientras la Alianza del Pacífico se ha fortalecido. ¿Es posible concretar un proyecto regional cuando vemos esta bifurcación?
La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) no nace para constituir un mercado, sino como un proceso de integración política, en temas de defensa, salud, electoral, político, social… es una instancia de integración muy fuerte, yo no diría que se ha debilitado, talvez ha perdido un poco de dinámica en los últimos meses porque siempre hay liderazgos personales y el secretario general, muy querido por todos nosotros, ha estado enfermo en los últimos meses y eso ha afectado un poco la dinámica de la Unasur.
Por su lado, la Alianza del Pacífico es una estancia fundamentalmente comercial que busca impulsar una ampliación de mercados, pero eso no afectará la relación que pueden tener con China la Unasur y Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) –que es otra instancia más amplia-. Yo creo que tanto Unasur como Celac están destinados a tener una relación muy profunda con China. Ciertamente, es necesario ir fortaleciendo también las instancias de integración comercial como el Mercosur (Mercado Común del Sur) y la CAN (Comunidad Andina de Naciones). En el caso de la CAN nos hemos planteado la convergencia hacia Mercosur y Unasur, y estamos trabajando en eso. Estamos analizando cómo las fortalezas y los resultados que ha alcanzado la CAN pueden irse sumando a los de Mercosur para crear también en Unasur un espacio de integración económica y comercial.
Nosotros no creemos en el libre comercio, sino en el comercio que genera desarrollo. No creemos en los Tratados de Libre Comercio, en eso tenemos diferencias con el Gobierno chino, pero las estamos tratando respetuosamente. Nosotros creemos que debemos impulsar acuerdos comerciales para el desarrollo. El comercio no es el fin en sí mismo, el fin es el desarrollo y el comercio es un medio. Mercosur nació básicamente como un proceso de integración comercial de los países del sur de Sudamérica, sin embargo con el tiempo ha ido impulsando una política de complementación económica entre los países que forman parte: Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y ahora con la entrada fuerte de Venezuela y de Bolivia. Ecuador está dispuesto a ingresar a ese espacio, sin embargo antes queremos negociar de manera adecuada nuestro ingreso porque conocemos que ahí se producen algunos problemas de proteccionismo, especialmente, por parte de los países más grandes.

¿Usted cree que Celac podría consolidarse como ese bloque latinoamericano que negocie con China?
A Celac le tomaría más tiempo, yo creo que Unasur lo va a hacer.

Antes de venir a China, usted declaró que uno de los objetivos de esta visita era analizar mecanismos para incentivar el ingreso de turistas chinos a Ecuador. ¿Cómo lograrlo?
Justamente nos reunimos con la Administración Nacional de Turismo de China y firmamos un convenio de servicios aéreos que va a permitir la utilización de 14 frecuencias entre nuestros dos países. No tiene que ser un vuelo directo. Puede ser por la ruta Tahití – Manta, o a través de una ruta por Europa. Eso aún no se define. Ojo, esto no quiero decir que mañana ya habrá un vuelo directo China-Ecuador, no, esto es un primer paso, pero es muy importante porque sin este convenio las aerolíneas no podrían ofrecer esa ruta de conexión. Entonces podemos decir que está lista la carretera, lo que falta es el transporte.
Por otro lado, en 2007, Ecuador y China firmaron un acuerdo donde se establecieron algunas restricciones para los viajeros porque, aprovechándose de la política de ciudadanía universal que tiene el Ecuador, algunas personas que hacen actividades delictivas se dedicaron al tráfico de personas, o “coyoterismo”, pasando por nuestro país. Sin embargo, yo creo que esas restricciones han sido muy grandes. Actualmente 90 millones de chinos hacen turismo en el mundo y nosotros tenemos un país maravilloso, por eso queremos facilitar su ingreso a nuestro país. Así que desde ahora vamos a flexibilizar la entrega de visas. Antes se exigía que los turistas chinos viajaran en grupos a Ecuador y con determinadas agencias de viajes autorizadas, eso se va a flexibilizar.

Adicionalmente, le hemos propuesto a China una estrategia mutua de promoción turística, mediante la cual, la televisión pública de ambos países promoverá los destinos mutuamente y también se filmarán documentales.

*Entrevista publicada en la revista América Economía Ecuador, edición diciembre 2013.

viernes, 3 de enero de 2014

La presencia del dragón

Las empresas chinas en Ecuador son los actores claves de los sectores estratégicos. Están principalmente en el sector petrolero y en la construcción de hidroeléctricas.



Una década atrás, hablar de empresas chinas en Ecuador sonaba un poco grandilocuente porque lo que principalmente había eran “chifas” y negocios de bicicletas y ropa. Hoy, el panorama es distinto. “China es el principal socio estratégico de Ecuador”, repiten las autoridades que visitan la tierra de Confucio y “será quien ayude al país a cambiar de matriz energética”. Sin embargo, la relación actual se centra en el producto símbolo de esa matriz que Ecuador quiere dejar atrás: el 90% de las exportaciones ecuatorianas a China se concentra en petróleo.

De ahí que no es de extrañar que en Quito estén algunas de las pocas filiales que las gigantes petroleras chinas tienen en Latinoamérica.

China National Petroleum Corporation (CNPC) y China Petrochemical Corporation (Sinopec) son dos de ellas. Con operaciones de petróleo y gas en 29 países alrededor del mundo, CNPC está en el puesto 6 entre las 500 mayores empresas por volumen de ventas, según la publicación The Fortune Global 500.

Sinopec, por su lado, es el segundo productor de petróleo más importante de China, con 16 campos productores. Es el refinador de crudo más grande de Asia y el tercero más grande del mundo.

De acuerdo a información de CNPC, en agosto de 2003 firmó con Petroecuador un acuerdo de transferencia de derechos de gestión para el bloque 11 en la provincia de Sucumbíos. En octubre del mismo año, CNPC adquirió y se hizo cargo de dicho bloque.

En septiembre de 2005, CNPC y Sinopec compraron conjuntamente los activos de petróleo y gas, así como los derechos de desarrollo de los cinco bloques que entonces eran propiedad de la compañía EnCana en Ecuador, y establecieron Andes Petroleum Ecuador Ltd.

Tanto Andes Petroleum como PetroOriental fueron constituidas con aportes accionarios de las empresas estatales CNPC, con el 55%; y Sinopec, con el 45%.

Andes Petroleum actualmente opera en el bloque Tarapoa y en la estación de almacenamiento y transferencia de Lago Agrio, en Sucumbíos. Mientras que PetroOriental trabaja en los bloques 14 y 17, en Orellana y Pastaza.

Por su lado, la firma CNPC Chuanqing Drilling Engineering Company Limited es subsidiaria de CNPC. Otra compañía que está en el país es Hilong Oil Service & Engineering Ecuador, que llegó en 2009 y ofrece soporte a sus pares chinos CNPC y Sinopec en cuanto a servicios de perforación y reparación de pozos.

La presencia de estas empresas da cuenta de sus intereses en Ecuador. La lógica china es clara: están viviendo una revolución industrial, necesitan commodities para desarrollarse y Ecuador los tiene. El ex ministro de Recursos no Renovables, Wilson Pastor, lo justifica diciendo que Ecuador está tomando la línea de los países que han tenido petróleo y han logrado desarrollarse, como Noruega que invierte sus ingresos petroleros para impulsar el surgimiento de industrias de alto valor agregado. Además añade que la relación con China ayudará al Ecuador a cambiar su matriz energética en 2016 cuando se inauguren ocho centrales hidroeléctricas.

La principal es Coca Codo Sinclair que está a cargo del consorcio Sinohydro. Este proyecto le cuesta USD 2 200 millones al Estado ecuatoriano y fue financiado con un préstamo chino. Sinohydro, considerada la primera marca de China en la construcción de hidroeléctricas, ha sido responsable del 65% de las centrales de gran escala en el gigante asiático. Tiene 91 oficinas en  69 países.
Además de Sinohydro, otras firmas chinas están a cargo de la construcción de las hidroeléctricas ecuatorianas: International Water & Electric Corp (CWE) construye la represa Toachi Pilatón; el consorcio Gezhouba está en el proyecto Sopladora; Harbin Electric International, en Minas San Francisco; Hidrochina, en Delsitanisagua y China Tiesiju Civil Engineering Group, en el proyecto Multipropósito Chone.

No todo es petróleo
Además de los sectores estratégicos, las empresas chinas también están en los de telecomunicaciones y automóviles. Una de ellas es la gigante tecnológica Huawei que actualmente tiene el 5% del mercado mundial de smartphones. El año pasado, las ganancias de la división móvil de Huawei fueron de 7.500 millones de dólares y se espera que este año alcancen los 9.000 millones. Asimismo, en 2012 distribuyeron 32 millones de teléfonos y ahora esperan alcanzar los 60 millones en todo el mundo.

Huawei llegó a Latinoamérica en 2002 y este es hoy su mercado de mayor crecimiento. Actualmente trabaja en 14 países del continente -entre ellos, Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela- tanto en instalación de redes fijas como de telefonía móvil. En estos países cuenta con la española Telefónica y sus filiales como principales socios. Aunque tiene productos de alta gama como el modelo Ascend P2, está posicionada, incluso en China, como una marca de teléfonos baratos y de baja gama.


Otros productos que aún deben lidiar con el estigma de que la calidad china es sinónimo de precios bajos y mala calidad son los automóviles. La firma Cinascar distribuye en el país las marcas Chery, ZXauto y Zotye Auto. Alrededor del mundo, las marcas chinas se han visto envueltas en denuncias de plagio de diseños sobre otras plataformas y medidas de seguridad deficientes. Aún así, por sus bajos precios frente a la competencia están logrando entrar con fuerza apuntando a un público que no busca carros de lujo, sino un auto que le permita movilizarse, a buen precio y con las funciones básicas. Según los entendidos, los autos chinos hoy están en una etapa de aprendizaje y quieren alcanzar el nivel tecnológico y de diseño del mercado mundial. Como en otras tantas industrias, el protagonismo chino es cuestión de tiempo y la paciencia es una de sus virtudes.

*Este artículo fue publicado en la revista VISTAZO en la edición de las 500 MAYORES EMPRESAS DEL ECUADOR - Septiembre 2013.