jueves, 18 de diciembre de 2014

Texto original sobre cómo es la convivencia con chinos

Vivir con chinos: sorpresas te da la vida
Por RAFAEL VALDEZ

Para lograr una mayor inmersión en la cultura china decidí compartir departamento con amigos chinos. Gracias a esto he conocido a personas amables y solidarias, pero muy reservadas y controladoras. De todos modos, siento que es otra manera de conocer China.



En Beijing, hay extranjeros que viven en burbujas, están en China pero no lo están. Sus amigos son extranjeros, compran en supermercados extranjeros y frecuentan lugares extranjeros. En esos casos, la inmersión con la cultura china es imposible y yo no quería eso. Trabajo en una empresa china y eso me ha ayudado mucho a conocer la forma de pensar de mis compañeros, pero vivir con alguien es distinto. Así es que decidí buscar un chino con quien compartir una casa. En el portal The Beijinger, encontré a Hu Na, o Heidy. Alta, delgada, 24 años, capitalina, con un cuerpo que evidenciaba las largas horas de trabajo que pasaba en el gimnasio. Había estudiado Diseño Gráfico, pero prefería dar clases de spinning. Era hija única, sus padres ya habían comprado dos departamentos que ella heredaría y, en busca de independencia y para mejorar su nivel de inglés, Heidy había decidido mudarse a vivir con extranjeros. Alquiló uno grande con tres cuartos en la zona de Caofang, al final de la línea 6 del metro. Luego publicó un aviso en The Beijinger para arrendar los cuartos y así conoció a Abdul, un jordano de 40 años, soltero y, a primera vista, encantador. Abdul se mostró educado, hablaba bien chino y tenía un buen trabajo. Razones suficientes para que Heidy confiara. La semana siguiente llegué yo y la casa estaba llena. Pero bastaron unos días para que Abdul sacara las garras.

El violento rompeplatos  
El primer domingo de mi nueva vida compartiendo casa comenzó con gritos. Me desperté asustado. Abrí lentamente la puerta y vi a Abdul enfurecido. Le reclamaba a Heidy por qué había cambiado de lugar sus cosas en la cocina. Él estaba buscando el té y no lo encontró, entonces estalló. Heidy le repetía que solo quería ordenar un poco las cosas, que la disculpara. Él lanzaba al piso todo lo que encontraba. Rompió varios platos y vasos. Heidy lloraba mientras esquivaba lo que Abdul le lanzaba. Esta escena duró unos minutos, aunque pareció una eternidad. Yo estaba tan sorprendido que no alcancé a reaccionar. Apenas Abdul se cansó de romper cosas, entró a su cuarto, Heidy al suyo, y yo cerré el mío con llave.
Pasaron dos días de aparente calma hasta que llegó el Día de la Madre. Como es mi costumbre, conversó con mi mamá por skype. Ese día, en especial, conversamos durante más de una hora. A la mañana siguiente, Heidy me envió un mensaje pidiéndome que, por favor, no volviera a “meter” una mujer en mi cuarto porque eso estaba prohibido. No sabía de qué hablaba, así que la llamé para aclarar las cosas. Me dijo que Abdul se había quejado de que yo había “metido” una prostituta en mi cuarto y que él había escuchado todo. Le expliqué a Heidy que yo no había llevado a nadie a la casa y que la voz que él había escuchado era la de mi mamá. Esa noche esperé que él llegara a casa y le reclamé. Él se enfureció. Me dijo que quién creía que era para atreverme a reclamarle. Comenzó a gritarme y como “el que discute con un necio es dos veces necio”, me di la vuelta y lo dejé hablando solo. Al día siguiente me mudé.

Las reglas absurdas
Como prácticamente salí corriendo de esa casa, no tuve mucho tiempo para buscar un nuevo cuarto. Así que volví a The Beijinger y encontré uno que estaba solo a una estación de metro de distancia. Ese sector realmente me gustaba porque los edificios son nuevos, bien decorados y el arriendo es relativamente barato. En mi apuro por mudarme no medité con calma las condiciones del nuevo departamento. Li Na, china de 26 años, era la arrendataria principal. Tenía un cuarto disponible y también una sola condición: no se podía recibir ningún tipo de visitas nunca. En ese momento no me pareció importante. Estaba asustado y solo quería salir corriendo del otro lugar, así que acepté.
Li Na era todo lo opuesto a lo que había leído en internet sobre el comportamiento de los chinos en casa. Era extremadamente limpia, ordenada, usaba productos de marcas extranjeras que compraba en Hong Kong, practicaba yoga en la sala y en el baño tenía una máquina para hacer masajes a los pies. Además, siempre me regalaba un dulce de distintas partes de China para que probara la diversidad de su país. Li Na vivía en Beijing hace cinco años, pero era de la provincia de Hebei. Trabajaba como vendedora en una inmobiliaria y sus comisiones le permitían llevar una vida llena de viajes, ropa y diversión. Le encantaba cocinar. Preparaba unas deliciosas sopas picantes y un “Gong bao ji ping” para chuparse los dedos. Este plato hecho con pollo y maní, de sabor dulce y picante es uno de mis favoritos actualmente y creo que es gracias a ella.
Aunque nuestra relación era cordial, nunca llegamos a ser amigos porque después de dos meses, me harté de su regla de “no a las visitas” y decidí mudarme.
Un amigo chino de 29 años al que conocía desde hace un año atrás estaba buscando compañero de apartamento y no dudé ni un minuto en mudarme para vivir con él.

Ceder para convivir
Aiguo Wang también era oriundo de Hebei. Tiene 29 años y trabaja en China Unicom. Con él pude atestiguar el gran estrés que viven los chinos provenientes de pequeñas ciudades al tratar de conseguir el hukou (sistema de registro de residencia).
Aiguo también era lo opuesto al estereotipo de los chinos desordenados y poco adeptos a la limpieza. Todo lo contrario. Era muy ordenado. Cada espacio en la cocina estaba asignado para un objeto específico y a mí no me quedó otra opción que memorizarlo para que él no se enojara. Los condimentos debían ir en la alacena izquierda, las ollas a la derecha, el agua debía estar junto a la tetera y en el piso de la cocina no podía haber ni una gota de agua, todo debía estar reluciente. Confieso que me costó acostumbrarme al extremo cuidado que Aiguo tenía en cada detalle de la cocina, pero luego me resultó natural.
Es un hombre muy disciplinado. Hace deportes, trabaja y estudia francés por internet. Estableció horarios para el uso del baño, lavar la ropa, limpiar la casa, cocinar, en fin… todo estaba fríamente calculado.
Lo que me sorprendió es su manera de controlar incluso sus emociones. Recuerdo un día en que lo encontré hablando por teléfono, mejor dicho gritando. Parece que del coraje se le salieron las lágrimas y, cuando cerró la llamada, traté de consolarlo, lo abracé, pero me dijo que él “no está acostumbrado a recibir abrazos y que eso en China no se hace”. Se encerró en su cuarto y me dejó con los brazos estirados. Lo hizo varias veces, así que, poco a poco, fue logrando que yo no me inmutara viera lo que viera. No puedo negar que pasamos muchos momentos de alegría como cuando me enseñó a preparar fideos con carne al estilo de su ciudad o camarones fritos. Tampoco puedo dejar de reconocer lo mucho que él me ayudó haciendo trámites o yendo al médico, cuestiones en las que el idioma es un gran obstáculo para un extranjero.
Pasaron los meses y yo comencé a recibir cada vez más visitas de amigos extranjeros que venían a ver películas o a cocinar conmigo. Parece que a Aiguo le incomodó esta situación, así que estableció una nueva regla: solo podía recibir dos visitas semanales. Para mí, fue un deja vu. Y esta vez no estaba dispuesto a soportarlo.

Me cansé de que me dijeran cuántas veces me pueden visitar, de que me pongan horarios para todo, me cansé de sentir que mi casa es un colegio y que mi compañero de apartamento es un inspector y no un amigo. Por eso decidí mudarme otra vez y lo seguiré haciendo cuantas veces sea necesario.  

Texto políticamente correcto sobre cómo es la convivencia con chinos

Vivir con chinos
Por RAFAEL VALDEZ

Para lograr una mayor inmersión en la cultura china decidí compartir departamento con chinos. Gracias a esto he conocido a personas amables y solidarias, pero también a unos muy reservados y controladores. De todos modos, siento que es otra manera de conocer China.

En Beijing, hay extranjeros que viven en burbujas, están en China pero no lo están. Sus amigos son extranjeros, compran en supermercados extranjeros y frecuentan lugares extranjeros. En esos casos, la inmersión con la cultura china es imposible y yo no quería eso. Trabajo en una empresa china y eso me ha ayudado mucho a conocer la forma de pensar de mis compañeros, pero vivir con alguien es distinto. Así es que decidí buscar un chino con quien compartir una casa. En el portal The Beijinger, encontré a Hu Na, o Heidy. Alta, delgada, 24 años, capitalina, con un cuerpo que evidenciaba las largas horas de trabajo que pasaba en el gimnasio. Había estudiado Diseño Gráfico, pero prefería dar clases de spinning. Era hija única, sus padres ya habían comprado dos departamentos que ella heredaría y, en busca de independencia y para mejorar su nivel de inglés, Heidy había decidido mudarse a vivir con extranjeros. Alquiló uno grande con tres cuartos en la zona de Caofang, al final de la línea 6 del metro. Luego publicó un aviso en The Beijinger para arrendar los cuartos y así conoció a Abdul, un jordano de 40 años, soltero y, a primera vista, encantador. Abdul se mostró educado, hablaba bien chino y tenía un buen trabajo. Razones suficientes para que Heidy confiara. La semana siguiente llegué yo y la casa estaba llena. Pero bastaron unos días para que Abdul sacara las garras.

El violento rompeplatos  
El primer domingo de mi nueva vida compartiendo casa comenzó con gritos. Me desperté asustado. Abrí lentamente la puerta y vi a Abdul enfurecido. Le reclamaba a Heidy por qué había cambiado de lugar sus cosas en la cocina. Él estaba buscando el té y no lo encontró, entonces estalló. Heidy le repetía que solo quería ordenar un poco las cosas, que la disculpara. Él lanzaba al piso todo lo que encontraba. Rompió varios platos y vasos. Heidy lloraba mientras esquivaba lo que Abdul le lanzaba. Esta escena duró unos minutos, aunque pareció una eternidad. Yo estaba tan sorprendido que no alcancé a reaccionar. Apenas Abdul se cansó de romper cosas, entró a su cuarto, Heidy al suyo, y yo cerré el mío con llave.
Después de esto, decidí mudarme a los pocos días.

Las reglas absurdas
Como prácticamente salí corriendo de esa casa, no tuve mucho tiempo para buscar un nuevo cuarto. Así que volví a The Beijinger y encontré uno que estaba solo a una estación de metro de distancia. Ese sector realmente me gustaba porque los edificios son nuevos, bien decorados y el arriendo es relativamente barato. En mi apuro por mudarme no medité con calma las condiciones del nuevo departamento. Li Na, china de 26 años, era la arrendataria principal. Tenía un cuarto disponible y también una sola condición: no se podía recibir ningún tipo de visitas nunca. En ese momento no me pareció importante. Estaba asustado y solo quería salir corriendo del otro lugar, así que acepté.

Li Na era extremadamente limpia, ordenada, usaba productos de marcas extranjeras que compraba en Hong Kong, practicaba yoga en la sala y en el baño tenía una máquina para hacer masajes a los pies. Además, siempre me regalaba un dulce de distintas partes de China para que probara la diversidad de su país. Li Na vivía en Beijing hace cinco años, pero era de la provincia de Hebei. Trabajaba como vendedora en una inmobiliaria y sus comisiones le permitían llevar una vida llena de viajes, ropa y diversión. Le encantaba cocinar. Preparaba unas deliciosas sopas picantes y un “gong bao ji ding” para chuparse los dedos. Este plato hecho con pollo y maní, de sabor dulce y picante es uno de mis favoritos actualmente y creo que es gracias a ella.

Aunque nuestra relación era cordial, nunca llegamos a ser amigos porque después de dos meses, me harté de su regla de “no a las visitas” y decidí mudarme.
Un amigo chino de 29 años al que conocía desde hace un año estaba buscando compañero de apartamento y no dudé ni un minuto en mudarme para vivir con él.

Ceder para convivir
Wang Aiguo también era oriundo de Hebei. Tiene 29 años y trabaja en China Unicom. Con él pude atestiguar el gran estrés que viven los chinos provenientes de pequeñas ciudades al tratar de conseguir el hukou (sistema de registro de residencia permanente) de Beijing.

Aiguo también era muy ordenado. Cada espacio en la cocina estaba asignado para un objeto específico y a mí no me quedó otra opción que memorizarlo para que él no se enojara. Los condimentos debían ir en la alacena izquierda, las ollas a la derecha, el agua debía estar junto a la tetera y en el piso de la cocina no podía haber ni una gota de agua, todo debía estar reluciente. Confieso que me costó acostumbrarme al extremo cuidado que Aiguo tenía en cada detalle de la cocina, pero luego me resultó natural.

Es un hombre muy disciplinado. Hace deportes, trabaja y estudia francés por Internet. Estableció horarios para el uso del baño, lavar la ropa, limpiar la casa, cocinar, en fin… todo estaba fríamente calculado.

Lo que me sorprendió es su manera de controlar incluso sus emociones. Recuerdo un día en que lo encontré hablando por teléfono, mejor dicho gritando. Parece que del coraje se le salieron las lágrimas y, cuando cerró la llamada, traté de consolarlo, lo abracé, pero me dijo que él “no está acostumbrado a recibir abrazos y que eso en China no se hace”. No puedo negar que pasamos muchos momentos de alegría como cuando me enseñó a preparar fideos con carne al estilo de su ciudad o camarones fritos. Tampoco puedo dejar de reconocer lo mucho que él me ayudó haciendo trámites o yendo al médico, cuestiones en las que el idioma es un gran obstáculo para un extranjero.

Pasaron los meses y yo comencé a recibir cada vez más visitas de amigos extranjeros que venían a ver películas o a cocinar conmigo. Parece que a Aiguo le incomodó esta situación, así que estableció una nueva regla: solo podía recibir dos visitas semanales. Para mí, fue un deja vu. Y esta vez no estaba dispuesto a soportarlo.

Me cansé de que me dijeran cuántas veces me pueden visitar y de que me pongan horarios para todo. Por eso decidí mudarme otra vez y lo seguiré haciendo cuantas veces sea necesario. Aún así considero que la experiencia de vivir con chinos ha sido muy valiosa porque me ha permitido conocer, de primera mano, cómo piensan y se comportan en el día a día. Además me ayudó a entender que detrás de algunas desavenencias están las diferencias culturales y que la mayor parte de las cosas negativas que en internet circulan sobre la experiencia de vivir con chinos es puro prejuicio basado en ignorancia.  

jueves, 10 de abril de 2014

“China debe mirarnos con otros ojos”

El ex presidente de Colombia, Andrés Pastrana, participó en el foro “Yendo a Latinoamérica”, realizado en Guangzhou. En el diálogo que tuvo con China Hoy, él enfatizó que China debe mirar a los países latinoamericanos como socios.



China Hoy (CH): Tanto su padre como usted tuvieron en común el haber promovido el acercamiento con China cuando fueron presidentes de Colombia. ¿Cómo ha sido la relación de los Pastrana con China?

Andrés Pastrana (AP): En 1974, mi padre, cuando era presidente de Colombia, vino a China, y resulta que la persona que se encargó de llevarlo a conocer el país fue Deng Xiaoping quien entonces trabajaba en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Desde ese momento, mi padre estableció una buena relación con el líder, tanto que mi partido, que es el Partido Conservador de Colombia, es hermano del Partido Comunista de China, pero mucha gente no sabe esto. Entonces la relación entre Colombia y China la conozco de cerca. De hecho, mi padre fue uno de los primeros que en Colombia hizo ver la importancia de abrir relaciones con China hace más de 30 años. Posteriormente, ya como presidente, yo quise todavía acercarnos más y tuve el honor de venir en 1999 en una visita de Estado con el presidente Jiang Zeming y otras autoridades. Yo creo que esto ha continuado, lo hizo el Gobierno del presidente Álvaro Uribe, y lo ha hecho el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos. Asimismo, el actual presidente de China, Xi Jinping, estuvo en Colombia en 2009 cuando era vicepresidente. Además estuvo en México, Costa Rica, Trinidad y Tobago, es decir, ha visitado países estratégicos para China. Por otro lado, cada vez vemos más diplomáticos chinos visitando la región lo que significa que somos importantes.

CH: ¿Cuántas veces ha estado en China?
AP: Por lo menos seis veces.

CH: ¿Hay algo que le siga sorprendiendo?
AP: China siempre va a sorprender porque cada vez uno conoce algo nuevo. Ahora tuve la oportunidad de ir a la zona de Yunnan que es la zona cafetera, la zona del té, y fue muy interesante porque, en buena parte, se asemeja a nuestro país. El paisaje es casi igual. Uno se sentía como en Colombia y además fue muy interesante compartir con los agricultores. Hace algunos años, tuve la oportunidad de estar en el Tíbet, en Xi’an, y en muchos sitios de China, pero cada vez que uno viene encuentra cosas nuevas.
Yo vine acá, por primera vez, en 1982, acompañé a mi padre a una reunión de ex presidentes en Shanghai. Ha sido interesante ver cómo se ha ido transformando este país.
Recuerdo que cuando vine, por primera vez, a Beijing, la avenida que había entre el aeropuerto y la ciudad era doble vía, no existía lo que vemos hoy en día.

CH: Así como se desarrolla, China tiene retos que comparte con los países latinoamericanos, por ejemplo, la trampa de los ingresos medios. ¿Qué experiencias podrían compartir China y Latinoamérica para evitar caer en esa trampa?
AP: Sí, hay muchas experiencias que podemos compartir. En el caso colombiano, lo que vemos ahora es un gran crecimiento de la clase media y seguimos en la búsqueda de la mejor manera para lograr la redistribución de la riqueza. Un claro ejemplo de esto es el caso del café en Colombia. 500 mil familias viven de eso y si usted visita esa zona, se puede dar cuenta de que es una zona de paz porque buena parte de las ganancias del café se invirtieron en escuelas, hospitales e infraestructura y eso ha permitido esa pacificación, además permitió la redistribución verdadera de esos ingresos porque si usted va a Colombia no encuentra los grandes empresarios o latifundistas del café, sino a pequeños campesinos con sus parcelas, a pesar de los problemas que hemos tenido. Experiencias como esa podemos compartir.
Por otro lado, China tiene que mirar a América Latina con otros ojos porque yo creo que muchas veces nos ven como a África y somos muy distintos, con culturas y formas de negociar completamente diferentes, por eso yo creo que esto es importante resaltar. China tiene que vernos distinto para que, de esta manera, haya un intercambio de experiencias que van a ser positivas para los dos países.

CH: ¿A qué se refiere con que “nos vean con otros ojos”?
AP: A que nos vean como socios, que China vaya a América Latina para quedarse, que no solamente llegue a nuestra región para comprarnos commodities, sino a hacer inversiones, y ya lo estamos viendo. En Colombia ya existen joint-ventures, China ya entró a participar en exploración petrolera, pero aún hay muchas oportunidades, por ejemplo, en infraestructura. En Colombia hay un plan muy importante que comenzó en mi gobierno y que estamos todavía implementando para hacer grandes inversiones en vías, puertos, aeropuertos, recuperación del río magdalena, el tren… entonces hay una serie de oportunidades para los chinos. Igualmente, nosotros debemos buscar oportunidades en China, tenemos que ser más competitivos y, por eso, para nosotros es fundamental el tema de la infraestructura porque hoy cuesta más llevar un contenedor desde Bogotá hasta la costa del caribe que llevarlo desde la costa caribeña hasta Shanghai.
Por ejemplo, el primero puede costar entre 2000 y 2300 dólares, mientras que llevar un contenedor desde la costa caribeña hasta shanghai cuesta entre 900 y 950 dólares. Así no vamos a ser competitivos, por eso es importante invertir en infraestructura.

CH: Otro de los desafíos que comparte China y Latinoamérica es la lucha contra la corrupción. De hecho, el Gobierno chino está empeñado en una campaña anticorrupción…
AP: A eso me iba a referir cuando hablamos de África porque allá lo que hemos visto, en buena parte, es que hay mucha corrupción. Por eso China tiene que mirarnos con otros ojos. Actualmente, para los gobiernos latinoamericanos, uno de los principales temas es cómo podemos acabar con la corrupción que, al fin y al cabo, es el impuesto más grande de los pobres. Este es un aspecto en el que debemos tener mucho cuidado y me refiero al comportamiento del sector privado chino en todo lo relacionado a licitaciones y contrataciones. Tienen que comportarse de una forma distinta. No pueden ir a nuestra región pensando que los contratos se adjudican a dedo, no, América Latina es distinta y tienen que mirarla con otros ojos.

CH: Usted ya mencionó el tema de la competitividad que esta vinculado con la oportunidad que representan las nuevas zonas de desarrollo económico que el Gobierno de China promueve, así como la zona piloto de libre comercio de Shanghai. ¿Qué industrias colombianas podrían competir en esas zonas?
AP: Yo creo que la industria textil colombiana puede ser competitiva, pero en esto nosotros también debemos reconocer que la China de hoy es distinta a la de antes. Aquí la mano de obra se viene encareciendo. Incluso hay empresas chinas que están buscando irse al sureste asiático o a Latinoamérica por costos de la mano de obra. Entonces ahí tenemos oportunidades.
Nosotros debemos buscar mercados como este, por ejemplo, con nuestro café. A mí me sorprende cómo cada vez se consume más café en China. Las primeras veces que visité este país nadie te ofrecía café, en cambio ahora te preguntan: ¿desea té o café?

Hoy, incluso, ya estamos hablando de firmar un Tratado de Libre Comercio con China, pero si no hay carreteras ni puertos, ¿qué vamos a hacer? Por eso es importante que el Gobierno colombiano ponga toda su prioridad en el tema de infraestructura. 

sábado, 29 de marzo de 2014

“Debemos buscar mecanismos para no estar sujetos a las fluctuaciones del dólar”

Para el ex presidente de Bolivia, Jorge Quiroga, el futuro de la relación sino-latinoamericana se basa en cuatro áreas: Integración, Producción, Energía y Divisas. En este último punto subrayó la necesidad de la convertibilidad del yuan. Quiroga conversó con China Hoy, a propósito de su participación en el foro Yendo a Latinoamérica, realizado en la ciudad de Guangzhou, al sur de China, en febrero.



China Hoy (CH): Durante su intervención, usted habló de la evolución del rol de China en sus relaciones con Latinoamérica, es decir, que pase de ser comprador a prestamista, luego inversionista y, finalmente, socio pleno. ¿En qué fase estamos ahora y qué desafíos usted encuentra para alcanzar esa relación ideal?
Jorge Quiroga (JQ): Yo creo que actualmente estamos entre el primer y segundo paso, es decir, comprador de materias primas y prestamista, pero préstamos dirigidos a países que a veces no tienen acceso a mercados debido a su política económica. Estamos hablando de Argentina, Venezuela, Ecuador, países que no están en los circuitos financieros, que no pueden emitir deuda o que han cerrado las puertas al financiamiento del Banco Mundial.
China es hoy comprador de materias primas de casi todos los países de Sudamérica y prestamista selectivo a países en función de cuán cerrados están a mercados financieros. Yo creo que lo más sano es una evolución hacia un prestamista en función a necesidades de cooperación y no a restricciones de acceso, para después pasar a la siguiente fase que es la de inversionista que, poco a poco, ya se está viendo, por ejemplo, en Perú. Pero lo ideal es un inversionista que no solo venga a los sectores extractivos, sino también a sectores de servicios, de comunicaciones, y finalmente desarrolle una sociedad plena donde China sea alguien que compre, que coopere, que invierta y que desarrolle sectores manufactureros. Así evitamos que, de aquí a unos años, China sea acusada de ser el nuevo poder económico que extrae la sangre de las venas de América Latina como ha pasado con Europa y Estados Unidos. China, claramente, tiene una imagen diferente porque ha sido un país incluso más pobre que nosotros hace 50 años, entonces no hay animadversión hacia China, pero con el transcurrir de los años, si la gente siente que solo se llevan el cobre, el hierro, el petróleo, el carbón, el gas, la soya… puede empezar a generarse una reacción negativa.

CH: ¿Cómo se puede dar ese paso si las empresas latinoamericanas aún tienen una tarea pendiente en cuanto a competitividad y en la producción de bienes con valor agregado?
JQ: Justamente la ventaja de China en el sector manufacturero es su altísima competitividad que se ha basado en su desarrollo tecnológico y en costos laborales muy bajos, pero con el tiempo, los costos laborales chinos están subiendo, entonces lo que se requiere es la transferencia de tecnología a países que tenemos costos laborales parecidos o más bajos que los de China, y más cercanos a los mercados de EEUU y Europa.
Por ejemplo, el 90 % del litio del planeta está en Sudamérica. Me pregunto: ¿Cuál va a ser la receta? ¿Exportar el litio en crudo en barcos hasta China para que aquí hagan las baterías y nos exporten los celulares, las computadoras y las baterías de vehículos; o inversión china para que en Sudamérica podamos hacer las baterías y venderlas al mercado estadounidense y europeo? La respuesta a este tipo de preguntas va a ser determinante para establecer qué clase de relación construimos. Mi temor es que si la sensación que queda es que China se lleva el litio en bruto, el cobre en bruto, el hierro en bruto para después devolvernos productos manufacturados y no desarrolla la transferencia de tecnología a sectores intensivos de mano de obra, se empezarán a incubar frustraciones, además que el costo energético se convertirá en un factor que pesará mucho.
El mundo manufacturero ha perseguido costos laborales bajos que han estado en China y Filipinas, sin embargo, ahora cada vez más persiguen costos energéticos bajos que actualmente están en Norteamérica. El costo de la energía más bajo del mundo está en EEUU, muestra de esto son las reservas de gas de esquisto que tienen. Si China no empieza a trasladar tecnología hacia países de Latinoamérica más cercanos al mercado de EEUU y que, además, tienen energía más barata va a tener complicaciones. Volviendo al ejemplo del litio, para China va a ser muy difícil convertirse en el gran campeón mundial de manufactura de baterías de litio si decide llevar el litio desde Sudamérica hasta su país y fabricar con gas australiano que cuesta tres o cuatro veces. Creo que es más conveniente hacer eso cerca de donde está el litio, con costos de energía más accesibles como los que tenemos en América Latina.

CH: ¿Considera que los países latinoamericanos actualmente están haciendo bien la tarea de buscar esa transferencia tecnológica cuando negocian con China?
JQ: Eso varía, es difícil generalizar. Hay dos clases de países en América Latina: los que se preparan de mejor manera en lo macroeconómico y en cuanto a competitividad para engranarse con la bonanza china, en este grupo podemos poner a México, Perú, Chile y Colombia; y otros que meramente venden las materias primas, reciben los recursos financieros y los gastan tan rápido como ingresan, sin ni siquiera crear fondos de previsión para el futuro como es el caso de Venezuela y Argentina donde no hay una preocupación por hacer una integración mejor estructurada con China. La región no es una sola, hay diferencias y cada vez se van a distinguir más entre aquellos que buscan alianzas comerciales en el mundo con mayor apertura y que van a aprovechar mejor esta coyuntura. Por ejemplo, para mí, México está mejor posicionado que Brasil, tiene muchos acuerdos de libre comercio, tiene costos laborales muy competitivos, gradúa una gran cantidad de ingenieros, está cerca del mercado más grande, está haciendo una reforma energética muy agresiva para tener menores costos de energía y eso explica por qué México está atrayendo mucha inversión manufacturera en la industria de alta tecnología. Televisores, vehículos y electrodomésticos cada vez se ensamblan más en México, y son de alta calidad como para entrar en el mercado estadounidense. Entonces si uno ve ese modelo parecería que está mejor que lo que viene haciendo Brasil donde aún hay un mercado protegido, menos integración comercial y no se está aprovechando de la misma manera la relación con China.

CH: En cuanto al tema de divisas, usted subrayó que China y Latinoamérica no han desarrollado mecanismos monetarios para no estar sujetos a las fluctuaciones del dólar. ¿Cuáles podrían ser esos mecanismos?

JQ: Es imposible avizorar que China asuma su lugar como gran potencia económica mundial si es que su moneda no es convertible. Nunca ha habido un país dominante económicamente cuya moneda no hubiera sido una moneda de reserva intercambiable, siendo esta la libra esterlina en los tiempos de la revolución industrial británica, o el dólar actualmente. Entonces, las limitaciones de la cuenta de capital que tiene China hacen que tengamos que usar monedas de otros y estar sujetos a las vicisitudes que experimentan esas terceras monedas que no son parte de la transacción. Ilustro con un ejemplo: Argentina debería poder venderle soya a China en yuanes, acumular reservas en yuanes y liquidar todo en yuanes si este fuera plenamente convertible. Brasil debería poder venderle hierro, café y carne en yuanes; y Chile, cobre. Lo que sucede es que como todo se cotiza en dólares y EEUU imprime dólares, entonces las transacciones que no tienen nada que ver con ellos igual se ven afectadas. El único país que puede imprimir impunemente divisas es EEUU. Ellos nos inundan de dólares causando que, cuando hay muchos dólares, nuestras monedas se reevalúan y nuestras exportaciones a China valen menos. Como el dólar es la moneda de reserva, ellos lo pueden hacer impunemente y afectan la transacción comercial. Entonces tenemos que buscar alternativas para coordinación monetaria o el uso de divisas que no contaminen la relación económica China-América Latina a través de estas distorsiones de divisas. 

*Entrevista publicada por la revista China Hoy.

“Venimos a promover proyectos por USD 28,000 millones a China”

El vicepresidente de Ecuador, Jorge Glas, viajó a Beijing para cerrar las negociaciones del financiamiento de la Refinería del Pacífico y promover nuevos proyectos que llevarán al Ecuador hacia un proceso de revolución industrial acelerado. Todo esto, de la mano de China.



Ya perdió la cuenta del número de veces que ha ido a China, ni con cuántas autoridades se ha reunido. Deja escapar una risa complaciente cuando se le dice que es talvez el hombre del Gobierno ecuatoriano que más experiencia tiene en negociaciones con chinos, “el hombre de los contratos millonarios”, como algunos de sus coidearios lo llaman en voz baja.

Desde que era ministro, Jorge Glas comenzó a tejer esas relaciones –o guanxi, como se dice en chino- que son tan importantes en el país asiático. Él sabe bien los códigos que los chinos manejan, por ejemplo, que las decisiones se toman durante la cena y que darle la palabra a alguien es un compromiso más fuerte que un papel firmado. Para una representante de la empresa china CAMC Engineering que participa en el proyecto ECU-911 en Ecuador, “da mucha tranquilidad saber que un hombre con quien ya negociamos hace tiempo, está ahora en un cargo más importante”. Ella asistió al foro “Ecuador crece” organizado en enero por el Consejo Chino para el Fomento del Comercio Internacional  (CCPIT, por sus siglas en inglés) y la Oficina Comercial de Ecuador en Beijing, aprovechando la visita del vicepresidente. Él habló durante más de una hora sobre los resultados económicos y sociales conseguidos desde el 2007 por el Gobierno de Rafael Correa.

Además hizo algunos anuncios: “ya tenemos las mejores carreteras de Latinoamérica, pero este año vamos a comenzar a construir superautopistas”, “estamos estudiando 10 proyectos hídricos para mitigar inundaciones y garantizar riego en el sector agrícola”, “recientemente hemos descubierto casi 300 millones de barriles adicionales en un campo maduro, estamos negociando con una empresa china una operación petrolera de crudo pesado que representa importantes desafíos tecnológicos, el bloque 20 conocido como Pungarayacu que tiene casi 1000 millones de reservas de crudo pesado”, también “estamos planificando la construcción de dos hidroeléctricas más a mediados del próximo año”.  

Los megaproyectos
Desde que fue escogido como binomio presidencial de Rafael Correa, se sabía que la experiencia de Glas en las negociaciones con chinos había sido un factor decisivo.

En junio de 2010, Glas, entonces ministro coordinador de Sectores Estratégicos viajó a Beijing para firmar un acuerdo con el Banco de Importaciones y Exportaciones de China (Eximbank) por el crédito financiero de USD 1700 millones para la hidroeléctrica “Coca Codo Sinclair”. En 2011, suscribió un nuevo crédito para el proyecto “Sopladora”. Y en 2012, lideró la concesión del proyecto minero “Mirador” a la empresa china Ecuacorriente.

Para entonces ya habían arrancado las negociaciones de la Refinería del Pacífico, aunque todavía de bajo perfil. Hoy el acuerdo está prácticamente cerrado, según el mismo Presidente Correa ha declarado. Aunque, inicialmente, se dijo que costaría unos USD 12,500 millones, hoy las autoridades hablan de una optimización en los costos y afirman que el proyecto implicará una inversión de USD 10,000 millones. En cuanto a la participación accionaria, la empresa China National Petroleum Corporation (CNPC) tendrá el 30%; Petróleos de Venezuela (PDVSA), el 19%; y Petroecuador, el 51%.
Durante su gira por China, Glas fue prudente. “En abril es el cierre definitivo de la captura de financiamiento y de participación accionaria. Estamos en la fase final de esa estructuración financiera. Es un proyecto de más de 10,000 millones de dólares, así que tiene sus complejidades, pero vamos por buen camino. Además estamos negociándolo con el Banco Comercial e Industrial de China (ICBC)”. Los detalles del financiamiento aún no se los conoce.

Con la concreción de la Refinería, Ecuador se convierte en uno de los países latinoamericanos que más negociaciones ha logrado cerrar con los chinos. ¿Cuál es la clave?
“Establecer una relación de mutua confianza. Yo marcaría como un hito la primera negociación para la construcción de la hidroeléctrica ‘Coca Codo Sinclair’. En esa negociación, Ecuador demostró que puede presentar proyectos serios, sustentados de forma técnica, con viabilidad económica y que podemos ejecutarlos”, respondió Glas.

Una revolución industrial acelerada
“Ecuador ha traído una cartera de proyectos que alcanzan los USD 28,000 millones en este periodo de Gobierno (2017). Entre esas oportunidades ya no solo hay proyectos en el área de energía y en construcción de infraestructura, sino que Ecuador está apostando por un proceso de industrialización acelerada. El Gobierno ha decidido invertir en determinadas industrias pesadas y básicas en donde China tiene mucha experiencia como la siderúrgica, la de fabricación de barcos y astilleros, la metalúrgica, la industria del aluminio, la refinación de cobre y la industria farmacéutica”, dijo Glas.
Algunos de esos proyectos son una planta de urea que requerirá una inversión de USD 1400 millones; una planta siderúrgica, por USD 480 millones; una refinería de cobre capaz de procesar 600,000 toneladas al año, por USD 700 millones. Además de cuatro plantas petroquímicas.

Y en todo eso se espera la participación de empresas chinas que ya son más de 70 en Ecuador, según Wang Jifei, presidente del CCPIT. En el mismo foro, para persuadir a los empresarios asiáticos, el ministro coordinador de Sectores Estratégicos, Rafael Poveda, subrayó: “China tiene una ventaja, nuestra normativa nos permite establecer relación directa, sin licitaciones, con empresas públicas cuando se trate de proyectos estratégicos”. Por su lado, Glas declaró que “Ecuador debe tomar como ejemplo el proceso de industrialización de países amigos como China”.  Sin embargo, ese proceso le ha costado al gigante asiático un alto precio en el tema ambiental. 

Sobre eso, el Vicepresidente responde: “El desarrollo tecnológico es muy distinto ahora de lo que fue hace 35 años cuando China comenzó su proceso de industrialización. Indudablemente, cuando uno habla de aprender experiencias de países amigos, estamos hablando de aprender las experiencias positivas y tener muy en claro los errores o las dificultades que tuvieron en ese proceso. El Ecuador tiene un marco jurídico muy estricto en controles ambientales, es el único país del mundo que en su Constitución reconoce derechos a la naturaleza, sabemos que toda actividad humana tiene un impacto ambiental, por eso aplicamos la mejor tecnología para minimizarlo, así que no vamos a repetir los errores del pasado”. 

*Entrevista publicada en la revista América Economía Ecuador. 


domingo, 19 de enero de 2014

“No creemos en los TLC, en eso tenemos diferencias con China”

Por Rafael Valdez

El canciller Ricardo Patiño estuvo en Beijing donde dejó el camino listo para la visita del presidente Rafael Correa el próximo año a China. Impulsar el turismo y empujar las negociaciones de la Refinería del Pacífico fueron sus objetivos.



La economía latinoamericana se ha beneficiado de la demanda china de materias primas. Sin embargo, actualmente vemos que China se desacelera. ¿Qué expectativas tiene Ecuador al respecto tomando en cuenta que China es el principal financista de sus proyectos estratégicos?
Hay que diferenciar las dos cosas: primero, como financista de proyectos estratégicos, la desaceleración de la que hablas no tiene que afectar, sino lo contrario. Si hubiera tan fuerte desaceleración, ellos necesitarían poner recursos en otros lados, de tal manera que no va a afectar el financiamiento. Por lo pronto, China sigue buscando alternativas de financiamiento en América Latina. Por otro lado, aunque se habla de desaceleración, hay que tomar relativamente esos términos porque crecer solo al 7.5 % anual es igualmente crecer muy rápido. Cuando se lo compara con el crecimiento de España o Italia, el de China es uno de los crecimientos más espectaculares del planeta y, además, tiene 30 años en esa senda. Entonces, una pequeña desaceleración, ante la magnitud de la demanda china no tiene implicaciones muy importantes, así que no creo que eso vaya a perjudicar nuestra relación económica.

Ya que hablamos de petróleo, en marzo se promocionó en China la XI ronda petrolera de Ecuador. Además, paralelamente han seguido las negociaciones sobre el financiamiento de la Refinería del Pacífico. ¿Se ha concretado la participación china en ambas iniciativas? 
Hay concursos públicos de licitaciones petroleras en el sur de nuestro país donde empresas chinas están muy interesadas en participar. No podemos conversar sobre eso porque son procesos que están en marcha y mantienen un grado de confidencialidad.
Adicionalmente, estamos en diálogos muy avanzados con el sistema financiero chino y con empresas petroleras chinas para que ellas puedan participar en la construcción y también en el accionariado de la Refinería del Pacífico. Ya hemos iniciado el movimiento de tierra y la construcción de obras civiles básicas, pero esperamos que con la concreción de acuerdos con China se den los pasos definitivos en este proyecto. Vemos con muy buenos ojos el avance de las conversaciones para inversión china en explotación petrolera en nuestro país y en la explotación de recursos mineros.

Pasando a otro tema, se ha dicho que para negociar con un país de las dimensiones de China, Latinoamérica debería integrarse. Sin embargo, iniciativas como la Unasur se han ido debilitando, mientras la Alianza del Pacífico se ha fortalecido. ¿Es posible concretar un proyecto regional cuando vemos esta bifurcación?
La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) no nace para constituir un mercado, sino como un proceso de integración política, en temas de defensa, salud, electoral, político, social… es una instancia de integración muy fuerte, yo no diría que se ha debilitado, talvez ha perdido un poco de dinámica en los últimos meses porque siempre hay liderazgos personales y el secretario general, muy querido por todos nosotros, ha estado enfermo en los últimos meses y eso ha afectado un poco la dinámica de la Unasur.
Por su lado, la Alianza del Pacífico es una estancia fundamentalmente comercial que busca impulsar una ampliación de mercados, pero eso no afectará la relación que pueden tener con China la Unasur y Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) –que es otra instancia más amplia-. Yo creo que tanto Unasur como Celac están destinados a tener una relación muy profunda con China. Ciertamente, es necesario ir fortaleciendo también las instancias de integración comercial como el Mercosur (Mercado Común del Sur) y la CAN (Comunidad Andina de Naciones). En el caso de la CAN nos hemos planteado la convergencia hacia Mercosur y Unasur, y estamos trabajando en eso. Estamos analizando cómo las fortalezas y los resultados que ha alcanzado la CAN pueden irse sumando a los de Mercosur para crear también en Unasur un espacio de integración económica y comercial.
Nosotros no creemos en el libre comercio, sino en el comercio que genera desarrollo. No creemos en los Tratados de Libre Comercio, en eso tenemos diferencias con el Gobierno chino, pero las estamos tratando respetuosamente. Nosotros creemos que debemos impulsar acuerdos comerciales para el desarrollo. El comercio no es el fin en sí mismo, el fin es el desarrollo y el comercio es un medio. Mercosur nació básicamente como un proceso de integración comercial de los países del sur de Sudamérica, sin embargo con el tiempo ha ido impulsando una política de complementación económica entre los países que forman parte: Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y ahora con la entrada fuerte de Venezuela y de Bolivia. Ecuador está dispuesto a ingresar a ese espacio, sin embargo antes queremos negociar de manera adecuada nuestro ingreso porque conocemos que ahí se producen algunos problemas de proteccionismo, especialmente, por parte de los países más grandes.

¿Usted cree que Celac podría consolidarse como ese bloque latinoamericano que negocie con China?
A Celac le tomaría más tiempo, yo creo que Unasur lo va a hacer.

Antes de venir a China, usted declaró que uno de los objetivos de esta visita era analizar mecanismos para incentivar el ingreso de turistas chinos a Ecuador. ¿Cómo lograrlo?
Justamente nos reunimos con la Administración Nacional de Turismo de China y firmamos un convenio de servicios aéreos que va a permitir la utilización de 14 frecuencias entre nuestros dos países. No tiene que ser un vuelo directo. Puede ser por la ruta Tahití – Manta, o a través de una ruta por Europa. Eso aún no se define. Ojo, esto no quiero decir que mañana ya habrá un vuelo directo China-Ecuador, no, esto es un primer paso, pero es muy importante porque sin este convenio las aerolíneas no podrían ofrecer esa ruta de conexión. Entonces podemos decir que está lista la carretera, lo que falta es el transporte.
Por otro lado, en 2007, Ecuador y China firmaron un acuerdo donde se establecieron algunas restricciones para los viajeros porque, aprovechándose de la política de ciudadanía universal que tiene el Ecuador, algunas personas que hacen actividades delictivas se dedicaron al tráfico de personas, o “coyoterismo”, pasando por nuestro país. Sin embargo, yo creo que esas restricciones han sido muy grandes. Actualmente 90 millones de chinos hacen turismo en el mundo y nosotros tenemos un país maravilloso, por eso queremos facilitar su ingreso a nuestro país. Así que desde ahora vamos a flexibilizar la entrega de visas. Antes se exigía que los turistas chinos viajaran en grupos a Ecuador y con determinadas agencias de viajes autorizadas, eso se va a flexibilizar.

Adicionalmente, le hemos propuesto a China una estrategia mutua de promoción turística, mediante la cual, la televisión pública de ambos países promoverá los destinos mutuamente y también se filmarán documentales.

*Entrevista publicada en la revista América Economía Ecuador, edición diciembre 2013.

viernes, 3 de enero de 2014

La presencia del dragón

Las empresas chinas en Ecuador son los actores claves de los sectores estratégicos. Están principalmente en el sector petrolero y en la construcción de hidroeléctricas.



Una década atrás, hablar de empresas chinas en Ecuador sonaba un poco grandilocuente porque lo que principalmente había eran “chifas” y negocios de bicicletas y ropa. Hoy, el panorama es distinto. “China es el principal socio estratégico de Ecuador”, repiten las autoridades que visitan la tierra de Confucio y “será quien ayude al país a cambiar de matriz energética”. Sin embargo, la relación actual se centra en el producto símbolo de esa matriz que Ecuador quiere dejar atrás: el 90% de las exportaciones ecuatorianas a China se concentra en petróleo.

De ahí que no es de extrañar que en Quito estén algunas de las pocas filiales que las gigantes petroleras chinas tienen en Latinoamérica.

China National Petroleum Corporation (CNPC) y China Petrochemical Corporation (Sinopec) son dos de ellas. Con operaciones de petróleo y gas en 29 países alrededor del mundo, CNPC está en el puesto 6 entre las 500 mayores empresas por volumen de ventas, según la publicación The Fortune Global 500.

Sinopec, por su lado, es el segundo productor de petróleo más importante de China, con 16 campos productores. Es el refinador de crudo más grande de Asia y el tercero más grande del mundo.

De acuerdo a información de CNPC, en agosto de 2003 firmó con Petroecuador un acuerdo de transferencia de derechos de gestión para el bloque 11 en la provincia de Sucumbíos. En octubre del mismo año, CNPC adquirió y se hizo cargo de dicho bloque.

En septiembre de 2005, CNPC y Sinopec compraron conjuntamente los activos de petróleo y gas, así como los derechos de desarrollo de los cinco bloques que entonces eran propiedad de la compañía EnCana en Ecuador, y establecieron Andes Petroleum Ecuador Ltd.

Tanto Andes Petroleum como PetroOriental fueron constituidas con aportes accionarios de las empresas estatales CNPC, con el 55%; y Sinopec, con el 45%.

Andes Petroleum actualmente opera en el bloque Tarapoa y en la estación de almacenamiento y transferencia de Lago Agrio, en Sucumbíos. Mientras que PetroOriental trabaja en los bloques 14 y 17, en Orellana y Pastaza.

Por su lado, la firma CNPC Chuanqing Drilling Engineering Company Limited es subsidiaria de CNPC. Otra compañía que está en el país es Hilong Oil Service & Engineering Ecuador, que llegó en 2009 y ofrece soporte a sus pares chinos CNPC y Sinopec en cuanto a servicios de perforación y reparación de pozos.

La presencia de estas empresas da cuenta de sus intereses en Ecuador. La lógica china es clara: están viviendo una revolución industrial, necesitan commodities para desarrollarse y Ecuador los tiene. El ex ministro de Recursos no Renovables, Wilson Pastor, lo justifica diciendo que Ecuador está tomando la línea de los países que han tenido petróleo y han logrado desarrollarse, como Noruega que invierte sus ingresos petroleros para impulsar el surgimiento de industrias de alto valor agregado. Además añade que la relación con China ayudará al Ecuador a cambiar su matriz energética en 2016 cuando se inauguren ocho centrales hidroeléctricas.

La principal es Coca Codo Sinclair que está a cargo del consorcio Sinohydro. Este proyecto le cuesta USD 2 200 millones al Estado ecuatoriano y fue financiado con un préstamo chino. Sinohydro, considerada la primera marca de China en la construcción de hidroeléctricas, ha sido responsable del 65% de las centrales de gran escala en el gigante asiático. Tiene 91 oficinas en  69 países.
Además de Sinohydro, otras firmas chinas están a cargo de la construcción de las hidroeléctricas ecuatorianas: International Water & Electric Corp (CWE) construye la represa Toachi Pilatón; el consorcio Gezhouba está en el proyecto Sopladora; Harbin Electric International, en Minas San Francisco; Hidrochina, en Delsitanisagua y China Tiesiju Civil Engineering Group, en el proyecto Multipropósito Chone.

No todo es petróleo
Además de los sectores estratégicos, las empresas chinas también están en los de telecomunicaciones y automóviles. Una de ellas es la gigante tecnológica Huawei que actualmente tiene el 5% del mercado mundial de smartphones. El año pasado, las ganancias de la división móvil de Huawei fueron de 7.500 millones de dólares y se espera que este año alcancen los 9.000 millones. Asimismo, en 2012 distribuyeron 32 millones de teléfonos y ahora esperan alcanzar los 60 millones en todo el mundo.

Huawei llegó a Latinoamérica en 2002 y este es hoy su mercado de mayor crecimiento. Actualmente trabaja en 14 países del continente -entre ellos, Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela- tanto en instalación de redes fijas como de telefonía móvil. En estos países cuenta con la española Telefónica y sus filiales como principales socios. Aunque tiene productos de alta gama como el modelo Ascend P2, está posicionada, incluso en China, como una marca de teléfonos baratos y de baja gama.


Otros productos que aún deben lidiar con el estigma de que la calidad china es sinónimo de precios bajos y mala calidad son los automóviles. La firma Cinascar distribuye en el país las marcas Chery, ZXauto y Zotye Auto. Alrededor del mundo, las marcas chinas se han visto envueltas en denuncias de plagio de diseños sobre otras plataformas y medidas de seguridad deficientes. Aún así, por sus bajos precios frente a la competencia están logrando entrar con fuerza apuntando a un público que no busca carros de lujo, sino un auto que le permita movilizarse, a buen precio y con las funciones básicas. Según los entendidos, los autos chinos hoy están en una etapa de aprendizaje y quieren alcanzar el nivel tecnológico y de diseño del mercado mundial. Como en otras tantas industrias, el protagonismo chino es cuestión de tiempo y la paciencia es una de sus virtudes.

*Este artículo fue publicado en la revista VISTAZO en la edición de las 500 MAYORES EMPRESAS DEL ECUADOR - Septiembre 2013.