jueves, 22 de octubre de 2015

El resfrío del dragón

Para unos es el inicio de la caída de China; para otros, los recientes altibajos de su economía son tan solo síntomas normales de una transición de la que el gigante asiático saldrá fortalecido para convertirse en un país “modestamente acomodado” en 2020, tal como el Partido Comunista prometió.
Por Rafael Valdez, desde Beijing


Comenzó el Apocalipsis en China. O al menos, eso es lo que dicen algunos medios occidentales a propósito de la caída de la Bolsa de Shanghai, la devaluación del yuan y los desalentadores índices del sector manufacturero de la otrora “world factory”. A los chinos, en cambio, eso no es lo que más les preocupa. Si bien, la caída del mercado bursátil afectó a unos 90 millones de pequeños inversores chinos (ni el 7% del país), no fue el tema en boga de las redes sociales.

En las redes chinas como weibo (el twitter chino), renren (facebook chino) y weixin (whatsapp chino), los temas en boga fueron la explosión en el puerto nororiental de Tianjin, la celebración del aniversario del fin de la guerra de resistencia de China contra Japón, el desfile militar del 3 de septiembre y el Mundial de Atletismo que se realizó en la capital, Beijing.
La razón es clara: La salud del mercado de valores de China no refleja integralmente lo que ocurre en la economía real del país. Mientras en Estados Unidos, la mitad de la población invierte en acciones, solo un 6% de los chinos lo hacen.
“No es que a los chinos no nos importe la economía, sino que sabemos que este modelo es insostenible. Venimos hablando de la burbuja inmobiliaria desde hace años”, dice Aiguo Wang, economista de 35 años que trabaja en el departamento financiero de China Unicom, una de las principales empresas de telecomunicaciones del país. Wang gana 7000 yuanes mensuales (unos 1200 dólares) y acaba de dar la entrada para comprar un departamento de 55 metros cuadrados en Beijing. Cada metro cuadrado cuesta 60000 yuanes (unos 10.000 dólares), es decir que su pequeño departamento de un solo ambiente en total cuesta 3.3 millones de yuanes, esto es unos 550.000 dólares. “Para poder pagar la entrada tuve que hacer un préstamo al banco y, además, mis padres y mis tíos me prestaron sus ahorros. La diferencia la tendré que pagar durante 30 años. Mi realidad no es una excepción en China, es la situación generalizada de la mayoría de los jóvenes de mi edad. ¿Qué pasará si un día no puedo pagar la cuota del banco o de mis tres tarjetas de crédito? Perderé mi casa. ¿Así no estalló la crisis inmobiliaria del 2008 en Estados Unidos?”, comenta Wang indignado.
¿Burbuja inmobiliaria?
No son pocos los chinos que, como Wang, tienen muy presente la crisis financiera de las hipotecas basura que llevó al estallido del 2008 en Estados Unidos. En el caso de China, no se sabe hasta qué punto se usaron las acciones del mercado bursátil como garantías de los préstamos bancarios-hipotecarios. Los especialistas estiman que, si se usaron en gran medida, es cuestión de tiempo que la bomba explote y provoque bancarrotas. Además, afectaría las cuentas financieras de los bancos dejándolas en rojo.
Sin embargo, el hermetismo de las autoridades chinas y la falta de estadísticas económicas fiables, actualizadas e imparciales hacen prácticamente imposible que alguien fuera de las altas esferas del poder chino sepa la realidad de lo que hoy sucede en la economía del dragón asiático.
Por su lado, el Gobierno de Xi Jinping repite “que no cunda el pánico” a través de sus órganos de propaganda. El activo rol estatal en la economía china es visto por su población como una garantía de tranquilidad. La versión oficial es que las recientes volatilidades de los mercados bursátiles de China y la depreciación monetaria son "consecuencias naturales" de la transición económica que experimenta el país asiático. "Esta es una transición difícil, su consecuencia natural es que produzca volatilidad. Esta transición no se puede llevar a cabo sin contratiempos, así que no deberíamos sorprendernos al ver que esto sucede", indicó el presidente del Grupo Financiero Principal (GFP), Larry Zimpleman, en una entrevista con la agencia oficial Xinhua.
China, que llegó a ser la segunda mayor economía del mundo gracias a que se convirtió en la fábrica del mundo, quiere dejar de ser un paraíso manufacturero que atraía solo por sus bajos costos de producción. Hoy, el gigante asiático quiere exportar bienes con valor agregado, tecnología innovadora y, sobre todo, quiere que el motor de su economía sea el consumo interno de su población.

Nueva China
Treinta años atrás, la mayoría de chinos no tenía un alto nivel educativo y se conformaba con ganar salarios muy bajos. En ese lapso, 600 millones de personas dejaron la pobreza y han comenzado a ‘occidentalizar’ sus consumos. Son ellos quienes ya no aceptan salarios ínfimos y que estudian incansablemente para competir en el salvaje mercado chino.
Esta creciente clase media ha cambiado el rostro de China y ha provocado que decenas de empresas extranjeras hayan trasladado sus fábricas a países más baratos como Camboya, Vietnam o Bangladesh. Allá están actualmente las nuevas fábricas del mundo.  
En octubre de 2012, Adidas cerró la única fábrica que tenía en China, en el Parque Industrial de Suzhou. Lo hizo después de que su rival Nike trasladara la base manufacturera que tenía en China a países del sudeste asiático. En la fábrica de Adidas en la provincia de Anhui, al sur de China, el sueldo promedio de los trabajadores de la compañía en 2007 era de 1.100 yuanes. Con el aumento del costo de la mano de obra, el sueldo alcanzó los 2.000 yuanes (unos 340 dólares) justo antes de que tomaran la decisión de cerrar la fábrica en China. Mientras que en su fábrica en Camboya, el sueldo mínimo de los obreros era de solo 130 dólares.  
Esta situación le restó competitividad a las otrora invencibles fábricas chinas. Por eso, la devaluación del yuan fue bien recibida en su sector manufacturero. Un yuan más barato significa que las exportaciones serán más baratas, dice Xu Jianping, jefe de la compañía textil Zhongxiang, de la provincia oriental china de Zhejiang. Las ganancias de su compañía, que exporta ropa al extranjero, subirán 100 yuanes (cerca de 15,6 dólares) por cada punto básico en que caiga el tipo de cambio del yuan, explica Xu. 
Estas son las buenas noticias que él estaba esperando después de un primer semestre complicado. En julio, las exportaciones del país cayeron un 8.9% y, en general, el comercio exterior total descendió un 7,3 % en los primeros siete meses de este año. Por su lado, las empresas que dependen, en gran medida, de las materias primas importadas temen que un yuan más barato haga que se incrementen sus costos de producción. "Todavía no hemos notado los efectos porque estamos usando las reservas de petróleo, pero estimamos que el precio del crudo denominado en dólar subirá y, en consecuencia, las tarifas se incrementarán", explica Zhao Huili, director comercial de la refinería Luqing Petrochemical.
Asimismo, con un dólar más caro, las exportaciones de Ecuador y los demás países latinoamericanos a China también se encarecen. Si antes, las rosas, el banano y el camarón ecuatoriano ya eran productos que apuntaban a un segmento medio alto y alto, hoy son todavía más costosos. 
China está cambiando muy rápido y su atractivo ya no está en sus costos bajos. La ventaja de China reside en su enorme mercado conformado por 1300 millones de habitantes y el contar con una cadena industrial integrada”, dice Zhang Xiaoji, investigador del Centro de Investigación de Desarrollo del Consejo de Estado de China. Zhang afirma que antes las empresas de capital extranjero escogían a China por su abundante mano de obra, ahora valoran su mercado.
Mientras en Latinoamérica
Los altos precios de los commodities, impulsados por la gran demanda china, le dieron a Latinoamérica una década dorada que se tradujo en crecimiento económico de la región. Sin embargo, esa década terminó. China estornudó y Sudamérica está resfriada.
De los años en que se hablaba del milagro brasileño de Lula Da Silva, hoy Brasil está prácticamente en recesión. En Chile, la previsión del crecimiento de su economía se recortó hasta un rango de entre un 2,25 y un 3,25 %, cuando entre 2010 y 2013, el promedio fue del 4% anual. Este país, cuyo 25% de sus exportaciones va a China tiene que lidiar hoy con la caída del precio de los minerales. La libra de cobre, por ejemplo, actualmente oscila entre los 2,08 y 2,72 dólares; mientras que en 2011 el precio de la libra llegó a superar los 4,5 dólares.
Y ni hablar del petróleo. En Ecuador, el proyecto de la Refinería del Pacífico sigue estancado por esta coyuntura. El precio del barril bordea los 40 dólares, cuando hace tan solo una década superaba los 100 dólares.
"Estamos siendo testigos de un ciclo de mercado similar al de mediados de los años 1980 cuando las materias primas cayeron después de haber tenido precios muy altos”, afirma Jeff Currie, jefe de investigación de materias primas de Goldman Sachs.
Por otro lado, las monedas latinoamericanas se han devaluado mucho más que el yuan en los últimos meses. A inicios de agosto, el dólar subió 3.5% frente al yuan, mientras que se elevó en lo que va del año el 30.8% frente al real brasileño, el 23.7% ante el peso colombiano, el 12.4% frente al chileno, el 10.6% ante el mexicano y el 9% frente al argentino. Por eso, el economista Mauricio Mesquita, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) no teme una invasión de los abaratados productos industriales chinos, pero sí le preocupa la solidez de la economía china. “Si China crece menos del 7% la región será afectada, especialmente la exportación de materias primas”, dijo Mesquita a diario El País, de España. Las exportaciones brasileñas a China ya cayeron 15% en el primer semestre. “Más me preocupan Brasil, Venezuela y Argentina, que Colombia, Chile y Perú, cuyas economías son más sólidas. Ecuador también me genera dudas”, dice el especialista.
La respuesta china
Algo está claro: al Gobierno chino no le tiembla la mano cuando tiene que intervenir en la economía. En la última recesión económica mundial, el Gobierno lanzó un enorme programa de inversión estatal que le permitió salir airoso de la coyuntura y apoyar a otros países. Que no quepa la menor duda de que si esta vez la situación empeora y se afecta el índice de empleo, el Gobierno volverá a estimular la economía con una inversión en infraestructura. Dinero no le falta. China es el país con las mayores reservas de divisas del mundo: 3.73 billones de dólares hasta marzo de 2015.
Mientras tanto ya ha tomado medidas. A partir del 6 de septiembre, el coeficiente de reserva obligatoria (RRR, por sus siglas en inglés) para las instituciones financieras será recortado en 50 puntos base. Las tasas de interés de referencia también serán recortadas. Las tasas de interés para préstamos y depósitos a un año disminuirán 25 puntos base para llegar a 4,6 y 1,75 %, respectivamente. Esta es la cuarta reducción del RRR en casi siete meses y la quinta ronda de recortes de intereses en cerca de nueve meses. El Banco Popular de China (BPCh), el banco central del país, indicó que el propósito de la reducción del RRR es disminuir aún más el costo del financiamiento social y apoyar a la economía real.
Para los especialistas extranjeros, la solución implica decisiones más profundas. Según un artículo publicado en The Washington Post, “las reformas que necesita desesperadamente la economía de China implican medidas que sus líderes no pueden digerir: renunciar al control y la entrega de poder”. Duplicar los ingresos per cápita para el año 2020 con respecto al nivel de 2010, y hacerlo sin perder control, es el dilema rojo.

* Este artículo salió publicado en la revista Vistazo, edición de las 500 mayores empresas de Ecuador, septiembre de 2015.