Para unos es el inicio de la caída de China; para
otros, los recientes altibajos de su economía son tan solo síntomas normales de
una transición de la que el gigante asiático saldrá fortalecido para
convertirse en un país “modestamente acomodado” en 2020, tal como el Partido
Comunista prometió.
Por Rafael Valdez, desde Beijing
Comenzó el Apocalipsis en China. O al
menos, eso es lo que dicen algunos medios occidentales a propósito de la caída
de la Bolsa de
Shanghai, la devaluación del yuan y los desalentadores índices del sector
manufacturero de la otrora “world factory”.
A los chinos, en cambio, eso no es lo que más les preocupa. Si bien, la
caída del mercado bursátil afectó a unos 90 millones de pequeños inversores chinos
(ni el 7% del país), no fue el tema en boga de las redes sociales.
En las redes chinas como weibo (el twitter chino), renren (facebook chino) y weixin (whatsapp chino), los temas en
boga fueron la explosión en el puerto nororiental de Tianjin, la celebración
del aniversario del fin de la guerra de resistencia de China contra Japón,
el desfile militar del 3 de septiembre y el Mundial de Atletismo que se realizó
en la capital, Beijing.
La razón es clara: La salud del mercado de valores de
China no refleja integralmente lo que ocurre en la economía real del país.
Mientras en Estados Unidos, la mitad de la población invierte en acciones, solo
un 6% de los chinos lo hacen.
“No es que a los chinos no nos importe la
economía, sino que sabemos que este modelo es insostenible. Venimos hablando de
la burbuja inmobiliaria desde hace años”, dice Aiguo Wang, economista de 35
años que trabaja en el departamento financiero de China Unicom, una de las
principales empresas de telecomunicaciones del país. Wang gana 7000 yuanes mensuales
(unos 1200 dólares) y acaba de dar la entrada para comprar un departamento de
55 metros cuadrados en Beijing. Cada metro cuadrado cuesta 60000 yuanes (unos
10.000 dólares), es decir que su pequeño departamento de un solo ambiente en
total cuesta 3.3 millones de yuanes, esto es unos 550.000 dólares. “Para poder
pagar la entrada tuve que hacer un préstamo al banco y, además, mis padres y
mis tíos me prestaron sus ahorros. La diferencia la tendré que pagar durante 30
años. Mi realidad no es una excepción en China, es la situación generalizada de
la mayoría de los jóvenes de mi edad. ¿Qué pasará si un día no puedo pagar la
cuota del banco o de mis tres tarjetas de crédito? Perderé mi casa. ¿Así no estalló
la crisis inmobiliaria del 2008 en Estados Unidos?”, comenta Wang indignado.
¿Burbuja inmobiliaria?
No son pocos los chinos que, como Wang,
tienen muy presente la crisis financiera de las hipotecas basura que llevó al
estallido del 2008 en Estados Unidos. En el caso de China, no se sabe hasta qué
punto se usaron las acciones del mercado bursátil como garantías de los
préstamos bancarios-hipotecarios. Los especialistas estiman que, si se usaron
en gran medida, es cuestión de tiempo que la bomba explote y provoque
bancarrotas. Además, afectaría las cuentas financieras de los bancos dejándolas
en rojo.
Sin embargo, el hermetismo de las
autoridades chinas y la falta de estadísticas económicas fiables, actualizadas
e imparciales hacen prácticamente imposible que alguien fuera de las altas
esferas del poder chino sepa la realidad de lo que hoy sucede en la economía
del dragón asiático.
Por su lado, el Gobierno de Xi Jinping
repite “que no cunda el pánico” a través de sus órganos de propaganda. El
activo rol estatal en la economía china es visto por su población como una
garantía de tranquilidad. La versión oficial es que las recientes volatilidades
de los mercados bursátiles de China y la depreciación monetaria son "consecuencias
naturales" de la transición económica que experimenta el país asiático.
"Esta es una transición difícil, su consecuencia natural es que produzca volatilidad.
Esta transición no se puede llevar a cabo sin contratiempos, así que no
deberíamos sorprendernos al ver que esto sucede", indicó el presidente del
Grupo Financiero Principal (GFP), Larry Zimpleman, en una entrevista con la
agencia oficial Xinhua.
China, que llegó a ser la segunda mayor
economía del mundo gracias a que se convirtió en la fábrica del mundo, quiere
dejar de ser un paraíso manufacturero que atraía solo por sus bajos costos de
producción. Hoy, el gigante asiático quiere exportar bienes con valor agregado,
tecnología innovadora y, sobre todo, quiere que el motor de su economía sea el
consumo interno de su población.
Nueva China
Treinta años atrás, la mayoría de chinos no
tenía un alto nivel educativo y se conformaba con ganar salarios muy bajos. En
ese lapso, 600 millones de personas dejaron la pobreza y han comenzado a
‘occidentalizar’ sus consumos. Son ellos quienes ya no aceptan salarios ínfimos
y que estudian incansablemente para competir en el salvaje mercado chino.
Esta creciente clase media ha cambiado el
rostro de China y ha provocado que decenas de empresas extranjeras hayan
trasladado sus fábricas a países más baratos como Camboya, Vietnam o
Bangladesh. Allá están actualmente las nuevas fábricas del mundo.
En octubre de 2012, Adidas cerró la única
fábrica que tenía en China, en el Parque Industrial de Suzhou. Lo hizo después
de que su rival Nike trasladara la base manufacturera que tenía en China a
países del sudeste asiático. En la fábrica de Adidas en la provincia de Anhui, al
sur de China, el sueldo promedio de los trabajadores de la compañía en 2007 era
de 1.100 yuanes. Con el aumento del costo de la mano de obra, el sueldo alcanzó
los 2.000 yuanes (unos 340 dólares) justo antes de que tomaran la decisión de
cerrar la fábrica en China. Mientras que en su fábrica en Camboya, el sueldo
mínimo de los obreros era de solo 130 dólares.
Esta situación le restó competitividad a
las otrora invencibles fábricas chinas. Por eso, la devaluación del yuan fue
bien recibida en su sector manufacturero. Un yuan más barato significa que las exportaciones
serán más baratas, dice Xu Jianping, jefe de la compañía textil Zhongxiang, de
la provincia oriental china de Zhejiang. Las ganancias de su compañía, que
exporta ropa al extranjero, subirán 100 yuanes (cerca de 15,6 dólares) por cada
punto básico en que caiga el tipo de cambio del yuan, explica Xu.
Estas son las buenas noticias que él
estaba esperando después de un primer semestre complicado. En julio, las
exportaciones del país cayeron un 8.9% y, en general, el comercio exterior
total descendió un 7,3 % en los primeros siete meses de este año. Por su lado,
las empresas que dependen, en gran medida, de las materias primas importadas
temen que un yuan más barato haga que se incrementen sus costos de producción. "Todavía
no hemos notado los efectos porque estamos usando las reservas de petróleo,
pero estimamos que el precio del crudo denominado en dólar subirá y, en
consecuencia, las tarifas se incrementarán", explica Zhao Huili, director
comercial de la refinería Luqing Petrochemical.
Asimismo, con un dólar más caro, las
exportaciones de Ecuador y los demás países latinoamericanos a China también se
encarecen. Si antes, las rosas, el banano y el camarón ecuatoriano ya eran
productos que apuntaban a un segmento medio alto y alto, hoy son todavía más
costosos.
China está cambiando muy rápido y su
atractivo ya no está en sus costos bajos. La ventaja de China reside en su
enorme mercado conformado por 1300 millones de habitantes y el contar con una
cadena industrial integrada”, dice Zhang Xiaoji, investigador del Centro de
Investigación de Desarrollo del Consejo de Estado de China. Zhang afirma que
antes las empresas de capital extranjero escogían a China por su abundante mano
de obra, ahora valoran su mercado.
Mientras en
Latinoamérica
Los altos precios de los commodities, impulsados por la gran
demanda china, le dieron a Latinoamérica una década dorada que se tradujo en crecimiento
económico de la región. Sin embargo, esa década terminó. China estornudó y
Sudamérica está resfriada.
De los años en que se hablaba del milagro
brasileño de Lula Da Silva, hoy Brasil está prácticamente en recesión. En
Chile, la previsión del crecimiento de su economía se recortó hasta un rango de
entre un 2,25 y un 3,25 %, cuando entre 2010 y 2013, el promedio fue del 4%
anual. Este país, cuyo 25% de sus exportaciones va a China tiene que lidiar hoy
con la caída del precio de los minerales. La libra de cobre, por ejemplo,
actualmente oscila entre los 2,08 y 2,72 dólares; mientras que en 2011 el
precio de la libra llegó a superar los 4,5 dólares.
Y ni hablar del petróleo. En Ecuador, el
proyecto de la Refinería
del Pacífico sigue estancado por esta coyuntura. El precio del barril bordea
los 40 dólares, cuando hace tan solo una década superaba los 100 dólares.
"Estamos siendo testigos de un ciclo
de mercado similar al de mediados de los años 1980 cuando las materias primas
cayeron después de haber tenido precios muy altos”, afirma Jeff Currie, jefe de
investigación de materias primas de Goldman Sachs.
Por otro lado, las monedas
latinoamericanas se han devaluado mucho más que el yuan en los últimos meses. A
inicios de agosto, el dólar subió 3.5% frente al yuan, mientras que se elevó en
lo que va del año el 30.8% frente al real brasileño, el 23.7% ante el peso
colombiano, el 12.4% frente al chileno, el 10.6% ante el mexicano y el 9%
frente al argentino. Por eso, el economista Mauricio Mesquita, del Banco Interamericano
de Desarrollo (BID) no teme una invasión de los abaratados productos
industriales chinos, pero sí le preocupa la solidez de la economía china. “Si
China crece menos del 7% la región será afectada, especialmente la exportación
de materias primas”, dijo Mesquita a diario El País, de España. Las
exportaciones brasileñas a China ya cayeron 15% en el primer semestre. “Más me
preocupan Brasil, Venezuela y Argentina, que Colombia, Chile y Perú, cuyas
economías son más sólidas. Ecuador también me genera dudas”, dice el
especialista.
La respuesta
china
Algo está claro: al Gobierno chino no le tiembla la mano cuando tiene
que intervenir en la economía. En la última recesión económica mundial, el
Gobierno lanzó un enorme programa de inversión estatal que le permitió salir
airoso de la coyuntura y apoyar a otros países. Que no quepa la menor duda de
que si esta vez la situación empeora y se afecta el índice de empleo, el
Gobierno volverá a estimular la economía con una inversión en infraestructura.
Dinero no le falta. China es el país con las mayores reservas de divisas del
mundo: 3.73 billones de dólares hasta marzo de 2015.
Mientras tanto ya ha tomado medidas. A partir del 6 de septiembre, el
coeficiente de reserva obligatoria (RRR, por sus siglas en inglés) para las
instituciones financieras será recortado en 50 puntos base. Las tasas de
interés de referencia también serán recortadas. Las tasas de interés para
préstamos y depósitos a un año disminuirán 25 puntos base para llegar a 4,6 y
1,75 %, respectivamente. Esta es la cuarta reducción del RRR en casi siete
meses y la quinta ronda de recortes de intereses en cerca de nueve meses. El
Banco Popular de China (BPCh), el banco central del país, indicó que el propósito de la
reducción del RRR es disminuir aún más el costo del financiamiento social y
apoyar a la economía real.
Para los especialistas extranjeros, la solución implica decisiones más profundas.
Según un artículo publicado en The
Washington Post, “las reformas que necesita desesperadamente la economía de
China implican medidas que sus líderes no pueden digerir: renunciar al control
y la entrega de poder”. Duplicar los ingresos per cápita para el año 2020 con
respecto al nivel de 2010, y hacerlo sin perder control, es el dilema rojo.
* Este artículo salió publicado en la revista Vistazo, edición de las 500 mayores empresas de Ecuador, septiembre de 2015.

