sábado, 11 de julio de 2015

Chino Wannabe

Cuando Kevin nació, su futuro ya estaba escrito: sería agricultor, a los 22 años conseguiría un préstamo del banco para comprarse una casa de una planta y 70 metros cuadrados en su pueblo de calles polvorientas por donde circulan tricimotos. Al tener una casa y una bicicleta eléctrica, a los 23 años ya estaría listo para pedirle matrimonio a su vecina. A los 24 años tendría su primer hijo –y el único-. Y desde entonces, dedicaría el resto de sus próximos 30 años de trabajo a pagar el préstamo del banco, darle a su hijo la mejor vida que pudiera dentro de sus posibilidades, con la esperanza de que él sí lograra tener una vida mejor.
Sin embargo, Kevin no aceptó esta sentencia. Apeló y cambió su condena.



Dice que su padre es un campesino de bajo nivel y escasa educación. A su madre es mejor no mencionarla. Y a su ciudad natal prefiere esconderla. Es mejor decir que nació en la capital provincial, Chengdu, de la provincia occidental de Sichuan en China. Provincia a donde el sorprendente desarrollo del dragón asiático ha llegado a cuentagotas. En China, una ciudad es más próspera cuanto más al Este se encuentre, como es el caso de las ricas Shanghai, Hangzhou o Guangzhou. En el Oeste, en cambio, China tiene otra cara, sin tanto maquillaje ni pompa. Más arrugada y desgarbada, menos western. Y eso es algo que le molesta a Kevin, como prefiere que lo llamen. Sus padres, esos a los que no quiere ver, lo llamaron Zhong Ke hace 26 años, pero cuando creció decidió que se llamaría Kevin, un nombre más acorde a su personalidad. “Si algún día salgo de China, diré que soy de Taiwán o Hong Kong”.

En la universidad estudió Geología, aunque realmente no le interesaba la estructura interna de la tierra, sino más bien todo lo que estaba en el exterior de su país. Por eso es que estudió inglés con tanto empeño y hoy trabaja en una empresa estadounidense que organiza conferencias y consigue expositores de alto nivel como políticos, académicos y expertos de Estados Unidos y Australia. El trabajo de Kevin consiste en organizar la logística de estos mega-eventos y, sobre todo, atender a los expositores. Esos que viajan en primera clase, firman con una Montblanc y dejan sus huellas con unos Bottega Veneta. Esos que tienen todo lo que Kevin anhela.

Si bien, su sueldo que casi llega a los 1500 dólares no le permite tener el estilo de vida que quisiera, sus tarjetas de crédito sí incrementan la elasticidad de su bolsillo. Kevin toma taxi, no bus ni bicicleta. No come miantiao (面条), sino pasta. Toma Coca Cola. Come queso. Prefiere un Vodka o vino que una Tsingtao. Jamás se pondría ropa que no sea de marca. Y no cualquier marca. Tiene que ser Nike o Adidas si se trata de ropa deportiva; Lacoste si es algo más casual. No practica taiji (太极拳), sino boxeo. Es miembro del grupo Dragon Adventures que practica escalada y esquí. Grupo en el que los miembros chinos hablan inglés incluso entre ellos, piden vino francés a la hora de la cena y se van de vacaciones a costosos resorts en China, aunque estén sobregirados y, a veces, tengan que prestar dinero a sus roommates para poder llegar hasta fin de mes.






Pero, además, hay algo en lo que Kevin gasta bastante dinero. Es aficionado a los juguetes sexuales. Tiene consoladores, vaginas falsas y lubricantes de varios sabores. Lleva un buen tiempo sin novio (sí, es gay) y le resulta complicado encontrar candidatos porque no sale con cualquiera. “Me gustan franceses, españoles, portugueses, italianos, no muy blancos, de cabello oscuro, barba. Y si es chino, tiene que ser ABC”. ABC es la abreviatura para referirse a los American Born Chinese, es decir una persona nacida en Estados Unidos, pero cuyos padres o familiares son chinos.




En su tiempo libre, Kevin ve series como Brokeback Girls, Mad Men, Friends y todo aquello que lo teletransporte a New York, San Francisco o cualquier ciudad estadounidense. Dice que habla mejor inglés que chino y odia las fiestas tradicionales del país donde lamenta haber nacido porque son ocasiones propicias para volver a su pueblo natal. Kevin ya no sabe qué nueva mentira inventar para tranquilizar a sus padres sobre por qué aún no le han conocido una novia. A ellos les preocupa que su hijo único no tenga descendencia pronto. Kevin ya está pensando en cómo resolverá ese asunto. “Lo ideal es que me vaya de China y no regrese más”. Pero en el peor de los casos, Kevin se casará con una amiga lesbiana o straight que esté dispuesta a fingir un matrimonio ante la tradicional familia del sichuanés. Al igual que muchos gays en China, él da por descartado el “salir del clóset” ante su familia, “con la lesbiana podríamos llegar a un acuerdo y tener un hijo, contentar a su familia y a la mía, y luego separarnos”.


Kevin no es un personaje aislado ni una excepción en un país donde no a todos les surtió efecto el suero del nacionalismo que el Gobierno, a través de la propaganda, les ha inyectado desde niños. Él representa a un grupo de jóvenes chinos, muy influenciado por la cultura occidental, que rechaza a su propio país y cuyo sueño es irse de China. En chino, hay una frase para referirse a ellos: 崇洋媚外 (Chóngyáng mèiwài), es el tipo de personas que adora  lo extranjero en desmedro de lo nacional, o xenofilia. Cuando China abrió sus puertas al mundo en 1979, los más conservadores se oponían férreamente porque sabían que no solo entrarían empresas a invertir, sino que los productos de las industrias culturales occidentales también entrarían e influenciarían en la mente. Los resultados ya se están viendo en la nueva generación. 

¿Qué ha aprendido Ecuador de China?

Gracias a la revista donde trabajo he tenido la oportunidad de entrevistar a casi todos los ministros ecuatorianos que han visitado China. Y siempre me ha llamado la atención que repiten una frase que ya se ha convertido en un estribillo de sus discursos: “Ecuador debe aprender de la experiencia china, de este país que ha sacado a tanta gente de la pobreza”. Pues sí, que hay cosas que Ecuador puede aprender de China es innegable, ese Gobierno Comunista tan criticado en Occidente, y a la vez tan desconocido, logró sacar a 600 millones de personas de la pobreza. ¡600! Es decir, a la población de toda Latinoamérica junta. Pero, ¿cómo lo logró? En 1979, un líder chino llamado Deng Xiaoping impulsó la Política de Reforma y Apertura que no es otra cosa que abrir el país a la inversión extranjera. Así como lo lee. La fórmula consistió en brindarles ventajas a los inversionistas extranjeros para que pusieran sus empresas en China y generaran empleo. Que hubo explotación, es cierto. Que hubo abuso, es cierto. Y eso también es lo que Ecuador debe observar para no repetir. Pero hoy, más de 30 años después, los chinos se jactan de ser la 2da potencia económica y tener reservas suficientes como para ser uno de los mayores prestamistas del mundo. Ese mismo hombre, Deng Xiaoping, en los años 80 dijo: “Dejad que algunos se enriquezcan porque ellos crearan empresas y generarán empleo”. Sí, lo dijo un militante del Partido Comunista. Pero un hombre que, como la mayoría de los chinos, primero es confuciano y luego comunista. Y, señores, Confucio era pragmático. De ahí que Deng Xiaoping enfatizara en la necesidad de que el pueblo chino liberara su mente, de manera que pusiera atención a los hechos y no a los dictados ideológicos porque la modernización económica requería un pueblo capaz de pensar de forma creativa. Este pensamiento caló tanto en la mente de los chinos que hoy este es un país de emprendedores.
Podría seguir profundizando en esto, pero no es el objetivo. Lo que he escrito no es ningún secreto. Las autoridades ecuatorianas que frecuentemente visitan China lo saben. Ellos mismo no escatiman en halagos sobre el “milagro chino”. Sin embargo, yo me sigo preguntando qué ha aprendido Ecuador de China. Además de los préstamos atados a la venta anticipada de recursos, el proyecto ECU-911 y las hidroeléctricas, ¿qué ha aprendido Ecuador sobre todo lo positivo que tiene China?


*Columna de opinión publicada por la revista Vistazo, de Ecuador. 
http://www.vistazo.com/opinion/opini%C3%B3n-rafael-valdez/rafael-valdez/%C2%BFqu%C3%A9-ha-aprendido-ecuador-de-china