sábado, 29 de marzo de 2014

“Debemos buscar mecanismos para no estar sujetos a las fluctuaciones del dólar”

Para el ex presidente de Bolivia, Jorge Quiroga, el futuro de la relación sino-latinoamericana se basa en cuatro áreas: Integración, Producción, Energía y Divisas. En este último punto subrayó la necesidad de la convertibilidad del yuan. Quiroga conversó con China Hoy, a propósito de su participación en el foro Yendo a Latinoamérica, realizado en la ciudad de Guangzhou, al sur de China, en febrero.



China Hoy (CH): Durante su intervención, usted habló de la evolución del rol de China en sus relaciones con Latinoamérica, es decir, que pase de ser comprador a prestamista, luego inversionista y, finalmente, socio pleno. ¿En qué fase estamos ahora y qué desafíos usted encuentra para alcanzar esa relación ideal?
Jorge Quiroga (JQ): Yo creo que actualmente estamos entre el primer y segundo paso, es decir, comprador de materias primas y prestamista, pero préstamos dirigidos a países que a veces no tienen acceso a mercados debido a su política económica. Estamos hablando de Argentina, Venezuela, Ecuador, países que no están en los circuitos financieros, que no pueden emitir deuda o que han cerrado las puertas al financiamiento del Banco Mundial.
China es hoy comprador de materias primas de casi todos los países de Sudamérica y prestamista selectivo a países en función de cuán cerrados están a mercados financieros. Yo creo que lo más sano es una evolución hacia un prestamista en función a necesidades de cooperación y no a restricciones de acceso, para después pasar a la siguiente fase que es la de inversionista que, poco a poco, ya se está viendo, por ejemplo, en Perú. Pero lo ideal es un inversionista que no solo venga a los sectores extractivos, sino también a sectores de servicios, de comunicaciones, y finalmente desarrolle una sociedad plena donde China sea alguien que compre, que coopere, que invierta y que desarrolle sectores manufactureros. Así evitamos que, de aquí a unos años, China sea acusada de ser el nuevo poder económico que extrae la sangre de las venas de América Latina como ha pasado con Europa y Estados Unidos. China, claramente, tiene una imagen diferente porque ha sido un país incluso más pobre que nosotros hace 50 años, entonces no hay animadversión hacia China, pero con el transcurrir de los años, si la gente siente que solo se llevan el cobre, el hierro, el petróleo, el carbón, el gas, la soya… puede empezar a generarse una reacción negativa.

CH: ¿Cómo se puede dar ese paso si las empresas latinoamericanas aún tienen una tarea pendiente en cuanto a competitividad y en la producción de bienes con valor agregado?
JQ: Justamente la ventaja de China en el sector manufacturero es su altísima competitividad que se ha basado en su desarrollo tecnológico y en costos laborales muy bajos, pero con el tiempo, los costos laborales chinos están subiendo, entonces lo que se requiere es la transferencia de tecnología a países que tenemos costos laborales parecidos o más bajos que los de China, y más cercanos a los mercados de EEUU y Europa.
Por ejemplo, el 90 % del litio del planeta está en Sudamérica. Me pregunto: ¿Cuál va a ser la receta? ¿Exportar el litio en crudo en barcos hasta China para que aquí hagan las baterías y nos exporten los celulares, las computadoras y las baterías de vehículos; o inversión china para que en Sudamérica podamos hacer las baterías y venderlas al mercado estadounidense y europeo? La respuesta a este tipo de preguntas va a ser determinante para establecer qué clase de relación construimos. Mi temor es que si la sensación que queda es que China se lleva el litio en bruto, el cobre en bruto, el hierro en bruto para después devolvernos productos manufacturados y no desarrolla la transferencia de tecnología a sectores intensivos de mano de obra, se empezarán a incubar frustraciones, además que el costo energético se convertirá en un factor que pesará mucho.
El mundo manufacturero ha perseguido costos laborales bajos que han estado en China y Filipinas, sin embargo, ahora cada vez más persiguen costos energéticos bajos que actualmente están en Norteamérica. El costo de la energía más bajo del mundo está en EEUU, muestra de esto son las reservas de gas de esquisto que tienen. Si China no empieza a trasladar tecnología hacia países de Latinoamérica más cercanos al mercado de EEUU y que, además, tienen energía más barata va a tener complicaciones. Volviendo al ejemplo del litio, para China va a ser muy difícil convertirse en el gran campeón mundial de manufactura de baterías de litio si decide llevar el litio desde Sudamérica hasta su país y fabricar con gas australiano que cuesta tres o cuatro veces. Creo que es más conveniente hacer eso cerca de donde está el litio, con costos de energía más accesibles como los que tenemos en América Latina.

CH: ¿Considera que los países latinoamericanos actualmente están haciendo bien la tarea de buscar esa transferencia tecnológica cuando negocian con China?
JQ: Eso varía, es difícil generalizar. Hay dos clases de países en América Latina: los que se preparan de mejor manera en lo macroeconómico y en cuanto a competitividad para engranarse con la bonanza china, en este grupo podemos poner a México, Perú, Chile y Colombia; y otros que meramente venden las materias primas, reciben los recursos financieros y los gastan tan rápido como ingresan, sin ni siquiera crear fondos de previsión para el futuro como es el caso de Venezuela y Argentina donde no hay una preocupación por hacer una integración mejor estructurada con China. La región no es una sola, hay diferencias y cada vez se van a distinguir más entre aquellos que buscan alianzas comerciales en el mundo con mayor apertura y que van a aprovechar mejor esta coyuntura. Por ejemplo, para mí, México está mejor posicionado que Brasil, tiene muchos acuerdos de libre comercio, tiene costos laborales muy competitivos, gradúa una gran cantidad de ingenieros, está cerca del mercado más grande, está haciendo una reforma energética muy agresiva para tener menores costos de energía y eso explica por qué México está atrayendo mucha inversión manufacturera en la industria de alta tecnología. Televisores, vehículos y electrodomésticos cada vez se ensamblan más en México, y son de alta calidad como para entrar en el mercado estadounidense. Entonces si uno ve ese modelo parecería que está mejor que lo que viene haciendo Brasil donde aún hay un mercado protegido, menos integración comercial y no se está aprovechando de la misma manera la relación con China.

CH: En cuanto al tema de divisas, usted subrayó que China y Latinoamérica no han desarrollado mecanismos monetarios para no estar sujetos a las fluctuaciones del dólar. ¿Cuáles podrían ser esos mecanismos?

JQ: Es imposible avizorar que China asuma su lugar como gran potencia económica mundial si es que su moneda no es convertible. Nunca ha habido un país dominante económicamente cuya moneda no hubiera sido una moneda de reserva intercambiable, siendo esta la libra esterlina en los tiempos de la revolución industrial británica, o el dólar actualmente. Entonces, las limitaciones de la cuenta de capital que tiene China hacen que tengamos que usar monedas de otros y estar sujetos a las vicisitudes que experimentan esas terceras monedas que no son parte de la transacción. Ilustro con un ejemplo: Argentina debería poder venderle soya a China en yuanes, acumular reservas en yuanes y liquidar todo en yuanes si este fuera plenamente convertible. Brasil debería poder venderle hierro, café y carne en yuanes; y Chile, cobre. Lo que sucede es que como todo se cotiza en dólares y EEUU imprime dólares, entonces las transacciones que no tienen nada que ver con ellos igual se ven afectadas. El único país que puede imprimir impunemente divisas es EEUU. Ellos nos inundan de dólares causando que, cuando hay muchos dólares, nuestras monedas se reevalúan y nuestras exportaciones a China valen menos. Como el dólar es la moneda de reserva, ellos lo pueden hacer impunemente y afectan la transacción comercial. Entonces tenemos que buscar alternativas para coordinación monetaria o el uso de divisas que no contaminen la relación económica China-América Latina a través de estas distorsiones de divisas. 

*Entrevista publicada por la revista China Hoy.

“Venimos a promover proyectos por USD 28,000 millones a China”

El vicepresidente de Ecuador, Jorge Glas, viajó a Beijing para cerrar las negociaciones del financiamiento de la Refinería del Pacífico y promover nuevos proyectos que llevarán al Ecuador hacia un proceso de revolución industrial acelerado. Todo esto, de la mano de China.



Ya perdió la cuenta del número de veces que ha ido a China, ni con cuántas autoridades se ha reunido. Deja escapar una risa complaciente cuando se le dice que es talvez el hombre del Gobierno ecuatoriano que más experiencia tiene en negociaciones con chinos, “el hombre de los contratos millonarios”, como algunos de sus coidearios lo llaman en voz baja.

Desde que era ministro, Jorge Glas comenzó a tejer esas relaciones –o guanxi, como se dice en chino- que son tan importantes en el país asiático. Él sabe bien los códigos que los chinos manejan, por ejemplo, que las decisiones se toman durante la cena y que darle la palabra a alguien es un compromiso más fuerte que un papel firmado. Para una representante de la empresa china CAMC Engineering que participa en el proyecto ECU-911 en Ecuador, “da mucha tranquilidad saber que un hombre con quien ya negociamos hace tiempo, está ahora en un cargo más importante”. Ella asistió al foro “Ecuador crece” organizado en enero por el Consejo Chino para el Fomento del Comercio Internacional  (CCPIT, por sus siglas en inglés) y la Oficina Comercial de Ecuador en Beijing, aprovechando la visita del vicepresidente. Él habló durante más de una hora sobre los resultados económicos y sociales conseguidos desde el 2007 por el Gobierno de Rafael Correa.

Además hizo algunos anuncios: “ya tenemos las mejores carreteras de Latinoamérica, pero este año vamos a comenzar a construir superautopistas”, “estamos estudiando 10 proyectos hídricos para mitigar inundaciones y garantizar riego en el sector agrícola”, “recientemente hemos descubierto casi 300 millones de barriles adicionales en un campo maduro, estamos negociando con una empresa china una operación petrolera de crudo pesado que representa importantes desafíos tecnológicos, el bloque 20 conocido como Pungarayacu que tiene casi 1000 millones de reservas de crudo pesado”, también “estamos planificando la construcción de dos hidroeléctricas más a mediados del próximo año”.  

Los megaproyectos
Desde que fue escogido como binomio presidencial de Rafael Correa, se sabía que la experiencia de Glas en las negociaciones con chinos había sido un factor decisivo.

En junio de 2010, Glas, entonces ministro coordinador de Sectores Estratégicos viajó a Beijing para firmar un acuerdo con el Banco de Importaciones y Exportaciones de China (Eximbank) por el crédito financiero de USD 1700 millones para la hidroeléctrica “Coca Codo Sinclair”. En 2011, suscribió un nuevo crédito para el proyecto “Sopladora”. Y en 2012, lideró la concesión del proyecto minero “Mirador” a la empresa china Ecuacorriente.

Para entonces ya habían arrancado las negociaciones de la Refinería del Pacífico, aunque todavía de bajo perfil. Hoy el acuerdo está prácticamente cerrado, según el mismo Presidente Correa ha declarado. Aunque, inicialmente, se dijo que costaría unos USD 12,500 millones, hoy las autoridades hablan de una optimización en los costos y afirman que el proyecto implicará una inversión de USD 10,000 millones. En cuanto a la participación accionaria, la empresa China National Petroleum Corporation (CNPC) tendrá el 30%; Petróleos de Venezuela (PDVSA), el 19%; y Petroecuador, el 51%.
Durante su gira por China, Glas fue prudente. “En abril es el cierre definitivo de la captura de financiamiento y de participación accionaria. Estamos en la fase final de esa estructuración financiera. Es un proyecto de más de 10,000 millones de dólares, así que tiene sus complejidades, pero vamos por buen camino. Además estamos negociándolo con el Banco Comercial e Industrial de China (ICBC)”. Los detalles del financiamiento aún no se los conoce.

Con la concreción de la Refinería, Ecuador se convierte en uno de los países latinoamericanos que más negociaciones ha logrado cerrar con los chinos. ¿Cuál es la clave?
“Establecer una relación de mutua confianza. Yo marcaría como un hito la primera negociación para la construcción de la hidroeléctrica ‘Coca Codo Sinclair’. En esa negociación, Ecuador demostró que puede presentar proyectos serios, sustentados de forma técnica, con viabilidad económica y que podemos ejecutarlos”, respondió Glas.

Una revolución industrial acelerada
“Ecuador ha traído una cartera de proyectos que alcanzan los USD 28,000 millones en este periodo de Gobierno (2017). Entre esas oportunidades ya no solo hay proyectos en el área de energía y en construcción de infraestructura, sino que Ecuador está apostando por un proceso de industrialización acelerada. El Gobierno ha decidido invertir en determinadas industrias pesadas y básicas en donde China tiene mucha experiencia como la siderúrgica, la de fabricación de barcos y astilleros, la metalúrgica, la industria del aluminio, la refinación de cobre y la industria farmacéutica”, dijo Glas.
Algunos de esos proyectos son una planta de urea que requerirá una inversión de USD 1400 millones; una planta siderúrgica, por USD 480 millones; una refinería de cobre capaz de procesar 600,000 toneladas al año, por USD 700 millones. Además de cuatro plantas petroquímicas.

Y en todo eso se espera la participación de empresas chinas que ya son más de 70 en Ecuador, según Wang Jifei, presidente del CCPIT. En el mismo foro, para persuadir a los empresarios asiáticos, el ministro coordinador de Sectores Estratégicos, Rafael Poveda, subrayó: “China tiene una ventaja, nuestra normativa nos permite establecer relación directa, sin licitaciones, con empresas públicas cuando se trate de proyectos estratégicos”. Por su lado, Glas declaró que “Ecuador debe tomar como ejemplo el proceso de industrialización de países amigos como China”.  Sin embargo, ese proceso le ha costado al gigante asiático un alto precio en el tema ambiental. 

Sobre eso, el Vicepresidente responde: “El desarrollo tecnológico es muy distinto ahora de lo que fue hace 35 años cuando China comenzó su proceso de industrialización. Indudablemente, cuando uno habla de aprender experiencias de países amigos, estamos hablando de aprender las experiencias positivas y tener muy en claro los errores o las dificultades que tuvieron en ese proceso. El Ecuador tiene un marco jurídico muy estricto en controles ambientales, es el único país del mundo que en su Constitución reconoce derechos a la naturaleza, sabemos que toda actividad humana tiene un impacto ambiental, por eso aplicamos la mejor tecnología para minimizarlo, así que no vamos a repetir los errores del pasado”. 

*Entrevista publicada en la revista América Economía Ecuador.