Para el ex presidente de Bolivia, Jorge
Quiroga, el futuro de la relación sino-latinoamericana se basa en cuatro áreas:
Integración, Producción, Energía y Divisas. En este último punto subrayó la
necesidad de la convertibilidad del yuan. Quiroga conversó con China Hoy, a propósito de su
participación en el foro Yendo a
Latinoamérica, realizado en la ciudad de Guangzhou, al sur de China, en
febrero.
China Hoy (CH): Durante su intervención, usted habló de la evolución del
rol de China en sus relaciones con Latinoamérica, es decir, que pase de ser
comprador a prestamista, luego inversionista y, finalmente, socio pleno. ¿En
qué fase estamos ahora y qué desafíos usted encuentra para alcanzar esa
relación ideal?
Jorge Quiroga (JQ): Yo creo que actualmente
estamos entre el primer y segundo paso, es decir, comprador de materias primas
y prestamista, pero préstamos dirigidos a países que a veces no tienen acceso a
mercados debido a su política económica. Estamos hablando de Argentina,
Venezuela, Ecuador, países que no están en los circuitos financieros, que no
pueden emitir deuda o que han cerrado las puertas al financiamiento del Banco
Mundial.
China es hoy comprador de materias
primas de casi todos los países de Sudamérica y prestamista selectivo a países
en función de cuán cerrados están a mercados financieros. Yo creo que lo más
sano es una evolución hacia un prestamista en función a necesidades de
cooperación y no a restricciones de acceso, para después pasar a la siguiente
fase que es la de inversionista que, poco a poco, ya se está viendo, por
ejemplo, en Perú. Pero lo ideal es un inversionista que no solo venga a los
sectores extractivos, sino también a sectores de servicios, de comunicaciones,
y finalmente desarrolle una sociedad plena donde China sea alguien que compre,
que coopere, que invierta y que desarrolle sectores manufactureros. Así
evitamos que, de aquí a unos años, China sea acusada de ser el nuevo poder
económico que extrae la sangre de las venas de América Latina como ha pasado
con Europa y Estados Unidos. China, claramente, tiene una imagen diferente porque
ha sido un país incluso más pobre que nosotros hace 50 años, entonces no hay
animadversión hacia China, pero con el transcurrir de los años, si la gente
siente que solo se llevan el cobre, el hierro, el petróleo, el carbón, el gas,
la soya… puede empezar a generarse una reacción negativa.
CH: ¿Cómo se puede dar ese paso si las empresas latinoamericanas aún tienen
una tarea pendiente en cuanto a competitividad y en la producción de bienes con
valor agregado?
JQ: Justamente la ventaja de China en el
sector manufacturero es su altísima competitividad que se ha basado en su
desarrollo tecnológico y en costos laborales muy bajos, pero con el tiempo, los
costos laborales chinos están subiendo, entonces lo que se requiere es la
transferencia de tecnología a países que tenemos costos laborales parecidos o
más bajos que los de China, y más cercanos a los mercados de EEUU y Europa.
Por ejemplo, el 90 % del litio del
planeta está en Sudamérica. Me pregunto: ¿Cuál va a ser la receta? ¿Exportar el
litio en crudo en barcos hasta China para que aquí hagan las baterías y nos
exporten los celulares, las computadoras y las baterías de vehículos; o
inversión china para que en Sudamérica podamos hacer las baterías y venderlas
al mercado estadounidense y europeo? La respuesta a este tipo de preguntas va a
ser determinante para establecer qué clase de relación construimos. Mi temor es
que si la sensación que queda es que China se lleva el litio en bruto, el cobre
en bruto, el hierro en bruto para después devolvernos productos manufacturados
y no desarrolla la transferencia de tecnología a sectores intensivos de mano de
obra, se empezarán a incubar frustraciones, además que el costo energético se
convertirá en un factor que pesará mucho.
El mundo manufacturero ha perseguido
costos laborales bajos que han estado en China y Filipinas, sin embargo, ahora
cada vez más persiguen costos energéticos bajos que actualmente están en
Norteamérica. El costo de la energía más bajo del mundo está en EEUU, muestra
de esto son las reservas de gas de esquisto que tienen. Si China no empieza a
trasladar tecnología hacia países de Latinoamérica más cercanos al mercado de
EEUU y que, además, tienen energía más barata va a tener complicaciones.
Volviendo al ejemplo del litio, para China va a ser muy difícil convertirse en
el gran campeón mundial de manufactura de baterías de litio si decide llevar el
litio desde Sudamérica hasta su país y fabricar con gas australiano que cuesta
tres o cuatro veces. Creo que es más conveniente hacer eso cerca de donde está
el litio, con costos de energía más accesibles como los que tenemos en América
Latina.
CH: ¿Considera que los países latinoamericanos actualmente están haciendo
bien la tarea de buscar esa transferencia tecnológica cuando negocian con
China?
JQ: Eso varía, es difícil generalizar. Hay
dos clases de países en América Latina: los que se preparan de mejor manera en
lo macroeconómico y en cuanto a competitividad para engranarse con la bonanza
china, en este grupo podemos poner a México, Perú, Chile y Colombia; y otros
que meramente venden las materias primas, reciben los recursos financieros y
los gastan tan rápido como ingresan, sin ni siquiera crear fondos de previsión para
el futuro como es el caso de Venezuela y Argentina donde no hay una
preocupación por hacer una integración mejor estructurada con China. La región
no es una sola, hay diferencias y cada vez se van a distinguir más entre
aquellos que buscan alianzas comerciales en el mundo con mayor apertura y que
van a aprovechar mejor esta coyuntura. Por ejemplo, para mí, México está mejor
posicionado que Brasil, tiene muchos acuerdos de libre comercio, tiene costos
laborales muy competitivos, gradúa una gran cantidad de ingenieros, está cerca
del mercado más grande, está haciendo una reforma energética muy agresiva para
tener menores costos de energía y eso explica por qué México está atrayendo mucha
inversión manufacturera en la industria de alta tecnología. Televisores,
vehículos y electrodomésticos cada vez se ensamblan más en México, y son de
alta calidad como para entrar en el mercado estadounidense. Entonces si uno ve
ese modelo parecería que está mejor que lo que viene haciendo Brasil donde aún
hay un mercado protegido, menos integración comercial y no se está aprovechando
de la misma manera la relación con China.
CH: En cuanto al tema de divisas, usted subrayó que China y Latinoamérica no
han desarrollado mecanismos monetarios para no estar sujetos a las
fluctuaciones del dólar. ¿Cuáles podrían ser esos mecanismos?
JQ: Es imposible avizorar que China asuma
su lugar como gran potencia económica mundial si es que su moneda no es
convertible. Nunca ha habido un país dominante económicamente cuya moneda no
hubiera sido una moneda de reserva intercambiable, siendo esta la libra
esterlina en los tiempos de la revolución industrial británica, o el dólar actualmente.
Entonces, las limitaciones de la cuenta de capital que tiene China hacen que
tengamos que usar monedas de otros y estar sujetos a las vicisitudes que
experimentan esas terceras monedas que no son parte de la transacción. Ilustro
con un ejemplo: Argentina debería poder venderle soya a China en yuanes,
acumular reservas en yuanes y liquidar todo en yuanes si este fuera plenamente
convertible. Brasil debería poder venderle hierro, café y carne en yuanes; y Chile,
cobre. Lo que sucede es que como todo se cotiza en dólares y EEUU imprime dólares,
entonces las transacciones que no tienen nada que ver con ellos igual se ven
afectadas. El único país que puede imprimir impunemente divisas es EEUU. Ellos
nos inundan de dólares causando que, cuando hay muchos dólares, nuestras
monedas se reevalúan y nuestras exportaciones a China valen menos. Como el
dólar es la moneda de reserva, ellos lo pueden hacer impunemente y afectan la
transacción comercial. Entonces tenemos que buscar alternativas para
coordinación monetaria o el uso de divisas que no contaminen la relación
económica China-América Latina a través de estas distorsiones de divisas.
*Entrevista publicada por la revista China Hoy.

